EL TRIUNFO DE LO PEQUEÑO, by BLUE

EL TRIUNFO DE LO PEQUEÑO, by BLUE

¿Por qué este título?

Los pequeños tenemos poder frente a los grandes.

Un puñado de hormigas frente a un gusano verde…

Un yorkie frente a un acosador de mujeres.

¿Pequeños? Si, pero valientes.

 

Hace un precioso día de sol de invierno, y aunque fresquito, nos encaminamos hacia la sierra de Madrid.

La Pedriza, que tiene ese nombre por la enormidad de pedruscos de granito, es uno de los sitios favoritos de mami para caminar, sentarse un ratito junto al río y pensar en sus cosas.

A mí me gusta muchísimo corretear por allí, el río y las praderas están llenos de bichos, de olores, de pistas. Correr sobre las enormes piedras, desafiando la gravedad, es una de mis pasiones.

¿Un bañito de arena?

Habíamos caminado un rato siguiendo el curso del río hacia arriba, un río que esta vez era suave y manso, con poca corriente, pero con el agua muy fría. Eso no me supone demasiado problema para entrar un poco, refrescarme y llevarme el olor a río, a aguas transparentes y limpísimas.

Claro que luego me lleno de barro y me seco en los bancales de arena… para disgusto de mami, que me regaña.

Unas pocas hormigas y un gusano verde

Habíamos parado a descansar un rato sobre una enorme piedra sobre el río y tomarnos el bocata (no penséis bien, yo estoy a régimen porque dicen que estoy gordo, ¿yo? ¿gordo?) , menos mal que mami me regaló dos pedacitos de lomo del suyo. Y ahí estaba yo, sobre una piedra y atento a la generosidad de mami, cuando veo un gusano verde reptando, de ese modo tan curioso en que se mueven los gusanos, ahora apoyo la cabeza, arqueo el cuerpo, me pliego un poco, avanzo las patitas de la cola, y de nuevo apoyo la cabeza…

Una forma taaaaan rara de caminar, que me lo quedé mirando. No me interesan demasiado los gusanos, no hay forma de hacerles correr, son aburridos.

De pronto, de la nada, comienzan a aparecer pequeñas hormigas negras y rodean al gusano. !Van a hacer una fiesta, pensé! Pues no, me doy cuenta de que las hormigas comienzan a picotear al gusano, por todas partes, el pobre se revuelve y trata de avanzar más deprisa en su loco caminar, pero las hormigas se le suben encima, se mueven sobre su lomo mientras le siguen mordiendo, le siguen, le muerden, le hieren.

Y yo, un poco asustado, comienzo a ladrar. Mami entonces se da cuenta de lo que está ocurriendo en nuestra piedra, y me dice que no me incumbe, que no haga nada, !quieto Blue!, mientras ella también observa cómo las hormigas van acorralando al gusano que avanza cada vez más despacio !se le nota tan cansado!

Tras unos minutos el gusano deja de moverse, y es entonces cuando las hormigas, de forma organizada (ni idea de cómo se organizan tan maravillosamente bien) comienzan a transportar al gusano piedra abajo.

Yo no sé nada de cálculo ni de matemáticas, pero se me antoja que cada hormiga está arrastrando más de cinco veces su peso. !Increíble!

En unos minutos el gusano, arrastrado por las hormigas, llega a las puertas del hormiguero. Entonces comienzan a salir, como si las hubiesen llamado, un montón de hormigas,  y entre todas van introduciendo el cuerpo del gusano en el minúsculo agujero de entrada al hormiguero.

El gusano, tan grande, ha sido vencido por unas pocas hormigas.

Es el triunfo de los pequeños, Blue, dice mami, como la historia de David y Goliat. No sé quienes son esos dos, pero me gusta el triunfo de los pequeños.

Y de verdad lo siento por el gusano que ha ido a parar a la despensa de invierno de las hormigas.

!Ya estoy envalentonado con el triunfo de los pequeños!

Yo soy pequeño y valiente. Tengo que defender a mami, así que camino y corro a su alrededor, siempre sé donde está y puedo oler los problemas a distancia. Si los gusanos fuesen más listos llevarían a una especie de perro yorkie con ellos.

Un par de  horas después, ya en las cercanías de La Charca Verde, paramos un ratito a descansar y ver cómo el río se precipita en cascadas.

Alli hay unas rocas inmensas, donde da un solecito muy agradable, y desde donde se ve el río y se escucha el sonido embravecido del agua cayendo por las pozas y los despeñaderos. Es uno de los sitios que más le gustan a mami, que se sienta allí a ver caer la tarde mientras lee un poco.  Ella no tiene mi olfato, y ni de lejos huele el peligro.

Yo estaba tumbadito al sol mientras mami leía. De pronto percibí un olor como muy “de machote”, y salí pitando a investigar: un humano estaba espiando a mami detrás de unos arbustos. Yo sé que ella antes de existir yo, cuando se sentaba a leer o escribir un rato siempre tenía “ojos en la nuca” para estar pendiente de si alguien se le acercaba con malas intenciones. No sé si lo habréis vivido, pero hay muchos acosadores detrás de una mujer sola

!Y mami ya tiene casi sesenta años, podéis imaginar si la mujer es joven!

De modo que salí corriendo detrás del acosador, ladrando tan alto como mis pulmones me permiten. Mami se levantó preocupada por mis ladridos para descubrir a un maldito acosador medio desnudo entre los arbustos.

!A por él, Blue!, me gritó.

El tipo salió corriendo, medio sujetándose los pantalones por la rodilla y saltando de roca en roca hasta que desapareció entre las piedras.

Yo, si mami lo hubiese querido, le habría dejado un recuerdo de mis dientes en las pantorrillas, pero ella me dijo que lo dejara machar.

Y luego me felicitó y me regaló un poco de agua, que me había quedado seco de tanto ladrido.

Siempre pendiente de mami, que soy su pequeño escudero.

¿Sabes lo que escribe mami de mí?

Pues lee, porque para mí es un orgullo:

Luego llegó Blue, mi yorkshire, y cambió la forma en la que acostumbraba a ir por el monte: ya no voy pendiente de cualquier ruido, una rama que se mueve raro, una sombra extraña entre los matorrales. Ahora mis ojos y mis oídos son Blue.

Es un perro pequeño, no puede matar a nadie, pero es mi guardián. Si se me acerca una familia, una pareja, ladra suavecito y sale corriendo a decirles “hola”, si quien se acerca es un hombre o un grupo de hombres, su ladrido es de peligro. Sale corriendo disparado hacia ellos y traza un círculo con sus carreras dejándome a mí en el centro.

A vosotros, los hombres, este gesto puede pareceros una tontería, para mí significa mucho.

Ya puedo volver a sentarme a leer sin tener ojos en la nuca, ya no necesito llevar un bastón para protegerme de todos esos que creen que por ser mujer estás a su disposición, ya vuelvo de mi paseo cuando yo quiero, no porque un imbécil haya decidido acosarme.

Volvimos a casa contentos después de un día de sol y naturaleza y sabiendo que los pequeños, cuando hay que serlo, somos gigantes.

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