CANADA: ALBERTA, DE CALGARY A MOUNT ROBSON

CANADA: ALBERTA, DE CALGARY A MOUNT ROBSON

!Estamos en la carretera, comenzamos esta aventura!

Dia 1 de CALGARY a LAKE LOUISE (185 kilómetros)

Serán casi diez mil kilómetros, Blue y yo abordo de esta furgoneta recién terminada, cómoda y hermosa, “muy de chica” por sus acabados en telas de flores y plantas en las paredes. Así que realmente somos tres seres vivos aquí, una humana, un perro y unas plantas.

He salido de Calgary casi a las 9 de la noche, mucho más tarde de lo previsto, y a pesar de que no me gusta nada viajar de noche, entre las compras de última hora, el bautismo de la “fragoneta”, llenar el depósito de gasolina, las últimas instrucciones de mi hijo Daniel sobre el sistema eléctrico y todas esa pequeñas cosas, se me ha hecho tarde, realmente tarde, pero estaba  decidida a comenzar este viaje el día 1 de Julio.

Cuando he arrancado y puesto rumbo a Lake Louise, la primera joya de las Rocosas,  justo en el primer semáforo, ha comenzado a sonar “Tajebone”, esa maravillosa canción de Ismael Lö y unas lágrimas dulces y liberadoras me han arrasado… por dejar a mi hijo, al que he visto sólo una semana, por la aventura en sí, por la tensión de los últimos días preparando la furgoneta a la carrera, porque estoy loca ¡, absoluta e irresponsablemente loca por iniciar este viaje de noche, lloviendo y con un coche que apenas controlo, pero quería amanecer en las Rocosas.

Llueve a mares por la autopista, no estoy aún familiarizada con los controles de los limpiaparabrisas, apenas hay coches en la carretera y aunque son casi las once de la noche y debería haber un sol pálido aún en el cielo, es noche cerrada.

Mi plan era dormir en Mosquito Creek, el primer lugar en el que dormí hace dos años en las Rocosas. Cuando paso el desvío hacia la Icefield Parkway, que es ya una carretera de dos direcciones, estrecha y oscura, estoy a punto de dar la vuelta;  la noche está difícil y parece que hay barro por todos los desvíos, aún así sigo camino unos kilómetros más, hasta que finalmente, en un tramo sin curvas, decido dar la vuelta y volver.  

Me reconozco el miedo, lo asumo y pongo “ruedas en polvorosa” hacia  Lake Louise, a pasar esta primera noche de diluvio a un lugar algo más civilizado.

Hay un centro comercial justo a la entrada, bastantes coches aparcados y todos los negocios ya cerrados, así que me instalo  y me preparo para pasar mi primera noche en soledad.  Como los nervios y la angustia de estos primeros kilómetros me han dejado agotada, me tomo un enorme tazón de leche caliente con cereales y a dormir en esta comodísima cama.

Blue se coloca a mis pies y cae rendido, supongo que él también acusa los nervios del día.

Dia 2 de LAKE LOUISE a MOUNT ROBSON (258 Km)

¡Estamos en las Rocky!

Amanece un tímido día de sol, pequeñas gotas de rocío cubren las ramas de los árboles cercanos, la hierba de un verde rabioso brilla bajo la luz de la mañana, huele a bosque, un par de ardillas suben y bajan por los troncos de los pinos y una bruma suave cubre la cima de las montañas . Desayunar frente a este paisaje es un regalo.  La entrada a las Rocosas, uno de los lugares más hermosos del mundo,  me da los buenos días.

Blue es un perrito feliz, sale disparado de la furgo, las ardillas parecen jugar a provocarlo, bajan, corretean delante de él y cuando se acerca, trepan con esa envidiable agilidad a las ramas más altas.  Por la forma en que olfatea el aire y me mira, entiendo que está disfrutando de nuestro primer día de aventura.

Ya son las diez de la mañana, la bruma se ha disipado y arriba, sobre el valle, los imponentes picos de las montañas se recortan contra el cielo. Ya había recorrido estos parajes, aún así, tanta belleza me sobrecoge.

Iniciamos camino hacia el Bow Lake, esa preciosidad de lago, que forma el río Bow, al que ya conozco bien y que he navegado en Calgary. Hay cientos de turistas, mayoritariamente asiáticos y pakistaníes. Los aparcamientos que bordean el lago están llenos de coches, los bordes del lago festoneados en rosa intenso por las flores  de las  fireweed, las montañas se miran, orgullosas, en las aguas transparentes del lago, y el mundo parece un lugar mejor… aunque demasiado habitado.

Estos trescientos kilómetros, donde parece haberse concentrado toda la belleza que cabe en el mundo, son también los más visitados, los más turísticos, pero si te alejas apenas trescientos metros del coche, si caminas más de diez minutos, dejas atrás la aglomeración de turistas. Leí un artículo sobre el comportamiento de los turistas en las Rocosas donde se indicaba que el 90% no se alejan de su coche más allá de 100 metros. Llegan al lugar, se bajan, se hacen unas fotos y siguen camino.

Yo, hoy, he actuado como ese 90% de turistas. Son paisajes que ya conozco y me abruma tanta gente. Increíble en alguien que viene de una ciudad como Madrid, que vive en Lavapiés, y sin embargo vengo buscando precisamente eso: soledad y paisajes limpios.

Parada larga frente al Athabasca Glacier, ese glaciar que ya he recorrido y que me produce una sensación ambigua: por un lado es de una belleza inmensa y  observar  el retroceso del glaciar en los últimos años (marcando en los bordes el lugar que ocupó el hielo) es preocupante, pero por otro lado, es un glaciar “prostituído”: hay vehículos oruga, los Ice Explorer que llevan a los turistas hasta la mitad del glaciar, lo que supone una enorme presión sobre el entorno natural, con lo que conlleva de deterioro del lugar. El poder pisar un glaciar es algo con lo que todos soñamos, hacerlo a media hora caminando desde el aparcamiento, un lujo. Si ya te pagas los 103$ del Ice Explorer, solo tienes que caminar directamente sobre el hielo.

Me estaba preparando una ensalada cuando Blue comenzó a jugar con una chica que estaba en la furgoneta de al lado. Unos brasileños que estaban recorriendo las Rocosas, gentes encantadoras, preparaban en una barbacoa portátil un pollo marinado. Me invitaron a comer con ellos, charlamos, tomamos café, comentamos el maravilloso paisaje que nos rodeaba, hablamos de Brasil y sus selvas deforestadas por la codicia, de la enorme presión turística de este glaciar, de lo hermoso que es viajar así, en una furgoneta, parar donde te plazca, dormir junto a arroyos transparentes, bosques encantados…

Sigo camino hacia Saskatchewan River Crossing, conocido como “El cruce”, en la confluencia de los ríos Saskatchewan, Howse y Mistaya, único lugar de cruce de estos inmensos ríos, que usaban los viajeros y comerciantes de pieles, ayudados por los conocimientos de los indígenas de la región. En un hermoso mirador sobre el río, con carteles explicativos sobre el pasado de esta zona, puedes fácilmente imaginar esas caravanas de carretas de los aventureros que cruzaban la región. Imaginarles cruzando en verano, pese al cauce del río, es ya toda una gesta. A lo largo del invierno, con un mar de hielo alrededor, aunque quizá fuese una empresa más fácil, sin las ropas, los abrigos, el equipamiento de montaña actual, me parece de una heroicidad inmensa.

Es casi imposible conducir por esta carretera sin encontrar un atasco. Atasco es, siempre, igual a oso. Los coches se paran en el arcén, los autobuses directamente se detienen en medio de la carretera, casi se escuchan los cientos de clicks de las cámaras de fotos sobre un oso, casi siempre negro, que tranquilamente recorre “su” bosque. Los guardabosques del Parque Nacional de Banff no tardan en aparecer, disuaden a la gente de bajarse del coche y acercarse al oso, no deja de ser un animal salvaje que puede atacar en cualquier momento, y desde luego tanta gente perturba de verdad a ese ser libre. Poco a poco va disolviéndose el atasco. Hasta el siguiente oso.

 

Parada en Jasper para comprar un convertidor de enchufe, había olvidado que tengo que cargar también la cámara de fotos y no tengo conversor. Esta pequeña ciudad es una preciosidad de lugar, casas de madera rodeadas de flores, una estación de tren inmensa, restaurantes, tiendas y supermercados, y mucho turista. Es el “final” de las impresionantes Rocosas, y lugar de parada obligada.

No quiero pasar la noche en una ciudad, así que como quedan aún unas horas de sol, tras pasear un rato por los civilizados lagos de Anette y Edith, donde me obligan a llevar a Blue con correa y está prohibido que los perros recorran la arena del borde del lago, seguimos camino.

Al caer la tarde, tras unos hermosísimos kilómetros de bosques inmensos, llegamos a las inmediaciones de Mount Robson. Ha comenzado a caer una lluvia suave, las nubes se han apoderado del cielo y hace fresco. Me detengo un rato a la entrada del Parque Nacional, mientras consulto el mapa. Blue corretea por el enorme aparcamiento casi vacío. Se me acerca un chico y me pregunta si tengo algo que ver con la poesía, que lleva siguiéndome un buen rato a ver si me paro, porque le ha llamado la atención la pegatina que recubre mi furgoneta “travellingpoems”. Es, también, brasileño, poeta y cazador de auroras boreales, trabaja en un lujosísimo camping privado a un par de minutos de aquí. Me ofrece pasar la noche en el camping, gratis, por supuesto.

Me preparo una sopa de arroz y pollo para cenar, una copa de vino y veo como la noche va apoderándose de este precioso lugar mientras Blue olfatea y corre alrededor. Al rato aparece el chico, Cristiano, y hablamos durante horas de poesía, de auroras boreales, de la magia de estas montañas. Aquí, me dice, ya no llegan tantos turistas, hay muchos montañeros y unas rutas de senderismo espectaculares.  Tomo buena nota de sus amables indicaciones, a la vuelta, camino a Calgary, pasaré un par de días por aquí.

Me voy familiarizando con la furgo, voy colocando las cosas de un modo más ordenado, me siento cómoda en esta, mi casita rodante durante dos meses.

Ya salí de Alberta y ahora estoy en Beautiful British Columbia.

¡Qué hermoso es todo, por las diosas!

¡COMIENZA LA AVENTURA, ESTAMOS EN CANADÁ!

¡COMIENZA LA AVENTURA, ESTAMOS EN CANADÁ!

!Ya estamos en Canadá y comienza la aventura!

Después de las primeras ocho horas de vuelo, Madrid-Montreal, en las que mi querido Blue ha dormido como un perrito feliz y gracias al maravilloso trato de las azafatas de Transaat, que nos han dejado tres asientos para nosotros solitos, un lujo.

Finalmente hemos puesto el pie en Montreal, o mejor dicho en el aeropuerto de Montreal.

!Y a calle! a fumar un cigarrillo (yo) y hacer unos primeros pises en Canadá (Blue).

Paseíto por la zona internacional del aeropuerto, un sin parar de taxis, autobuses, Uber, gentes que van y vienen en esta cálida tarde de San Juan, una delicia de temperatura cuando vienes de la tórrida Madrid.

Tras un par de horas de espera, vuelo a Calgary, esta vez más corto.

En ningún momento, nadie, en ninguna aduana, ni puerta de embarque, me ha pedido los documentos de Blue, así que tras pasar la aduana de entrada ya en Montreal, hemos salido del vuelo en Calgary listos para abrazar (yo) y lamer (Blue) a mi querido hijo, Daniel, que nos esperaba emocionado.

CÓMO VIAJAR CON PERRO EN AVIÓN…  sin desesperarse.

Los últimos días de preparativos para esta aventura han sido largos, complicados, agobiantes… Mucho más porque, apenas una semana antes de embarcar, me comunica la compañía aérea que no puedo viajar con Blue, y eso que compré el billete con una compañía que admite perros en cabina, o al menos eso es lo que declara en su página ¿¿¿¿????

Que una línea aérea no admita perros en cabina puede parecerte bien o mal, es su decisión, pero si en su página y su condicionado indican que sí, luego no pueden negarse. !Pero lo hacen!

Mi perro, Blue,  pesa menos de 8 Kg, tiene su bolsa de viaje reglamentaria, su pasaporte, su cartilla de vacunación actualizada, incluso su Certificado de Salud visado, específico para Canadá y USA, por el Ministerio de Agricultura,  les he solicitado el billete de Blue  con tiempo y su condicionado así lo especifica, aún así, pueden negarte el vuelo.

!Desesperación absoluta! Sin Blue no sería capaz de emprender esta aventura.

Tras muchas llamadas, la reserva para Blue  sólo puede hacerse por teléfono a un número de Canadá,  varios intentos fallidos y una factura de telefonía para echarse a llorar, decido pedirle a mi hijo, que vive en Calgary, que se ocupe él de hablar con la aerolínea.

Después de argumentar y discutir y contra argumentar, nos ofrecen una única solución: Emotional Support Dog.

Es decir, un animal de soporte emocional para mi, por mi incapacidad de viajar sin él. Así que busco un psiquiatra, me evalúa la incapacidad de emprender esta aventura sin Blue y me extiende un certificado en español e inglés  (previo pago de unos honorarios elevados).

Un “ábrete sésamo” que me otorga, en apenas cinco minutos, un billete para Blue. !Al fin!

 

!A convertir la furgo en casa rodante!

Tenemos una semana, solamente una semana, para convertir la furgo en mi casita rodante para estos dos meses. Hay que instalar el suelo, los paneles solares que alimentarán la batería para la nevera, el ventilador y  los enchufes para el portátil, montar la cama, los muebles de cocina, la pila para lavar… hay mil cosas que hacer.

Aprovecho las mañanas para, con la ayuda inestimable del gps del móvil, con la aplicación  “maps.me” que funciona sin conexión a internet y no necesita datos, para recorrer Calgary de almacén en almacén buscando todo lo que necesitamos. Las tardes, cuando llega Daniel, a trabajar como locos para ir instalando todo.

La colocación de suelo nos lleva dos días: primero el aislamiento térmico y acústico, luego una goma protectora, luego planchas de madera y finalmente un precioso suelo de friso de madera que ya nos da aspecto de casa. !Ha quedado precioso!

Los días son taaaan largos que hasta las 11 de la noche es de día, por lo que acabamos jornadas maratonianas absolutamente cansados. La “fragoneta” va tomando forma.

Instalamos, con la ayuda de Rauth, compañero y amigo de mi hijo Daniel, los paneles solares, el conversor, la batería auxiliar… y el equipo de música de la furgo, algo esencial para acompañarme en estos dos meses de soledad.

Mientras los chicos, Daniel y Rauth, instalan la cama y los muebles de la cocina, yo me dedico a preparar cortinas y a cubrir los encuentros de las maderas de techo y paredes con una tela de colorines y flores, es lo único que he encontrado en los tejidos de Ikea en Calgary. Queda un espacio muy cuco, muy femenino. Me voy a sentir muy cómoda aquí.

Nos falta la nevera, terminar el arcón junto a la cama y colocar las pegatinas en el exterior de la furgo.

Una carrera cuasi contra reloj, es 30 de Junio y aún no hemos terminado. !Un sinvivir!

Amanece un precioso domingo, 30 de Junio, un luminoso día de verano con 27 grados !tan lejos de los 38 que mi gente de Madrid está sufriendo!

La furgo es ya, casi, una casita. Hay que poner las pegatinas, hacer la compra, colocar un poco todo y estaremos listos para iniciar esta aventura.

!Colocar las pegatinas de travellingpoems y bautizar la furgo, es lo único que nos queda!

… y llenar el depósito de gasolina, sacar algo de dinero, anotar todos los trucos y posibles problemas del panel eléctrico del sistema de alimentación y cumplir el capricho de Daniel: la furgo tiene 99.985 kilómetros, y Daniel quiere hacer los 100.000, así que aprovechamos para todos esos pequeños detalles que nos faltan.

Son casi las 9 de la noche cuando volvemos a casa, ya en los cien mil, me despido de Daniel y en un simbólico acto de entrega de llaves  !comienza la aventura!

!A recorrer Canadá!

LAS ROCOSAS (CANADÁ) El inicio de un sueño

LAS ROCOSAS (CANADÁ) El inicio de un sueño

Dia 3 de Mount Robson a Fraser (446 Km)

El día del susto: Código PO442

Amanezco bajo la inmensa mole del Mount Robson, cubierto de nubes bajas, tan bajas que parecen abrazarte con sus minúsculas gotas de agua. Mansamente, llueve.

Este parece un precioso lugar, anotado queda para la vuelta, pero para eso quedan dos meses.

La relación entre "fragoneta" y sus ocupantes se va estrechando, ya nos comenzamos a conocer, todo está colocado de forma que sea cómodo, que ninguna cosa se caiga en las curvas, que no se desplace la caja de la ropa que tengo bajo la cama... el comenzar a vivir un lugar hasta hacerlo hogar.

Y cantando, a voz en grito, voy haciendo kilómetros por estos paisajes verdes, verdes, salpicados de rosa, con la línea negra del asfalto como único testigo de civilización. Había anunciado un pueblo... ¿donde? No he conseguido encontrarlo, debían ser ese par de casas de madera que vi unos kilómetros atrás, y es que por aquí los pueblos son tan mínimos.

De pronto, en el salpicadero se enciende una luz que no conozco. Me asusto. Inmediatamente presto atención a niveles de aceite, temperatura, frenos, agua, gasolina... no es ninguno de ellos. Todo parece estar bien, la furgo circula cómodamente a los estrictos 90 Km/hora, pero la luz no se apaga y no tengo ni idea de lo que significa. Paro en el primer parking de la carretera y llamo a mi hijo Daniel y le explico lo que pasa. Es un problema de motor, mamá, me dice. Tienes que buscar un taller inmediatamente, puede ser grave. El próximo pueblo, Mc Bride, está a 80 kilómetros. Vete despacio, mamá, y me vas contando, dice mi hijo intentando quitarle hierro al asunto.

Mi mundo se derrumba, veo el final de la aventura, tengo ganas de llorar, muerta de asco en un parking solitario al tercer día de salir. Preparo un café, fumo un cigarrillo, me mojo mirando al cielo gris sobre mi cabeza y le pido a las diosas un poco, solo un poquito de compasión.

 

Uno de mis sueños de adolescente, que aún sigue vivo, es recorrer el Yukon y el Klondike, seguir los pasos de Jack London y aquellos locos pioneros que se lanzaron a la fiebre del oro.

El Yukon queda lejos de las Rocosas, casi 3000 Km de inmensidad, había que dejarlo para otra ocasión.

Aquella serie que quizá recordéis, Doctor en Alaska, me enamoró de la inmensidad helada. Una vez que estás en el Yukon… bajar a Alaska es una tiradita de menos de 1.000 Km, absolutamente abordable.

Y ese sueño adolescente, desde que pisé las Rocosas, comenzó a tomar forma.

Esa es la razón de que exista esta web, construída por mí, sin saber nada de programación ni de códigos CSS ni … de casi nada.

Me atreví a construir esto, siguiendo paso a paso (con muchos tropiezos) la Guía de la Escuela Nómada Digital, muchas horas de trabajo y muchísima ilusión.

A lo largo del 2018 comencé a preparar este viaje soñado, viajar sola con mi inseparable perrito, Blue, un  yorkshire maravilloso, en coche, desde Calgary hasta Alaska…

¿Cuál es el destino?

Casi 7000 km. de naturaleza virgen, desde Calgary hasta el salvaje Yukon, desde allí a Alaska y para terminar el archipiélago de Haida Gwai.

Pasando por las Rocosas, claro, y los glaciares, terrritorio ya explorado.

¿Después? !Into the wild!

 

Como viajaré sola tendré tiempo para escribir.

Os iré contando  mis experiencias, mis vivencias, la gente con la que me encuentre… y la poesía

 

!Esto son montañas!

 

Cuando te acercas a las Rocosas lo primero que te impacta es lo enormidad del entorno. Las montañas, inmensas, están ahí, al alcance de tu mano, reflejadas en mil  lagos, incrustadas de glaciares y cascadas, ríos de aguas azul lechoso y un bosque denso y fragante.

Salimos desde la preciosa Canmore camino al lago Minewanka y desde el coche  la primera impresión es que aquí, en todos los sentidos,  se “juega a lo grande“.

La autopista de los Campos de Hielo es una bellísima carretera encajada entre los valles, rodeada de picos, enormes montañas cubiertas de nieve, glaciares , un cielo azul límpido y de aire transparente y que discurre  paralela siempre a los lagos, el recién nacido río Athabasca y el inmenso río Saskatchewan.

Los trescientos kilómetros màs hermosos que he visto en mi vida.

 

Vida salvaje donde quiera que mires

!Cuánta variedad!

 En esta inmensidad salvaje habitan osos, alces, lobos, wapitis, águilas, ciervos, puercoespines y ardillas, esas pequeñas y juguetonas ardillas que se te acercan a ver si les cae algo de comer me fascinan.

La estrella indiscutible es el oso, descubres asombrada en el primer atasco repentino en medio de la carretera, la única carretera que recorre las Rocosas. Hay un atasco tremendo, en ambos sentidos, y la gente sale de los coches a ver “el oso”. Es peligroso, todos los Parques Nacionales avisan de que no te acerques, que los veas desde el coche, que bla, bla, bla… pero no lo puedes evitar. Es como no entrar al concierto de tu grupo favorito.

Aunque hay osos grizzly (tienen censados unos 100 en las Rocosas, que los canadienses son muy ordenaditos) no se dejan ver mucho, pero es muy frecuente ver osos negros, cada día ves uno o dos, comiendo tranquilamente junto a la carretera, o en un camino, y así vistos desde lejos no parecen muy peligrosos, pero es obligado llevar siempre un spray anti-osos y conocer las normas de comportamiento cuando te encuentras con ellos.

Diferenciar un oso gris de un oso negro

!Hay que saber diferenciar! El comportamiento ante un grizzly y un oso negro es bastante diferente, y antes de actuar deberías diferenciarlo. !Fácil!

¿Te imaginas, con la Guía de Osos en la mano, a ver… sí es más oscuro, no parece pesar más de 400 kg, si es grizzly será hemba, bueno a lo mejor es una cría, no sé si eso se considera una pequeña joroba diferenciadora? !Hay que hacerse un máster en diferenciar osos!

Seguimos los Consejos de los expertos:haz ruido. Haz saber a los osos cuál es tu posición antes de que te vean. Canta, habla fuerte, aplaude”, así que las caminatas fueron una fiesta de canciones y risas.

Y aquí está la foto a mi primer oso, llegando a Lake Louise y de espaldas porque le daba un poco de corte no hablar español fluído. !Chico tímido!

El Wapiti, impresionante.

Ciervo… buscando el aeropuerto

!Todo está verde y cuajado de flores!

La segunda gran sorpresa de las Rockies !las praderas verdes y cuajadas de flores y yo no reconozco una gran parte de las plantas!

Al bajar del coche en el maravilloso lago Two Jack, extasiada ante tanta belleza, me doy una vuelta por la pradera que rodea el lago y descubro que hay tantas variedades de plantas que no conozco que me quedo extasiada mirando a ras de suelo, tratando de identificarlas, de encontrarles ese parecido “familiar”. Aunque algunas son muy similares a las que encuentras por Europa, hay muchas especies desconocidas para mí, y la variedad y abundancia de flores es impactante.

Es un paraíso de color y olores !estamos en pleno Agosto y con una temperatura entorno a los 24 grados, todo verde y en flor, igualito que el secarral de la meseta y los alrededores de  Madrid!

Claro que si piensas que luego llega la nieve y lo cubre todo durante seis meses… miras el secarral de la meseta de otro modo.

Me quedaron tantas y tantas plantas y flores por conocer que tendré que hacerme un herbario, fotográfico claro, porque ya sabes “que lo único que quede tras tu paso sean tus huellas, que lo único que te lleves sean fotografías”

Porque… ¿os he dicho que me flipan las plantas?

Aún no he conseguido identificar esta maravilla.

Ojalá se llamase “Vía lactea”

Fireweed, la joya de las Rockys

y el emblema floral del Yukon

(Chamaenerion angustifolium)

Pradera de “Vía láctea”

Junto al río Athabasca

Indian paintbrush, una belleza

(Castilleja miniata)

La poeta de lo salvaje

Y descubrí la bellísima poesía de Tekaionwake

Leyendo sobre las Rocosas y British Columbia descubrí a la extraordinaria poeta  Tekaionwake (su nombre mohawk)  Emily Pauline Johnson (su nombre occidental).

Contaban en la guía sobre British Columbia que se la considera “la poeta de Vancouver“, medio india mohawk y medio inglesa, con una historia muy interesante, cuando murió en 1913 tuvo el funeral más grande que nunca hubo en Vancouver.

Me interesaba esa doble vertiente india/inglesa de una mujer culta y al mismo tiempo muy “de la tierra”, así que en cuanto pillé wifi busqué algún poema suyo.

 

 

En los alrededores de Saskatchewan River habíamos visto un paisaje desolador y al mismo tiempo deliciosamente hermoso: un monte enorme había sido pasto del fuego el año anterior y los tocones negros de los árboles contrastaban con el rosa encendido de las “fireweed” que cubrían con sus flores toda la extensión de la ladera.  Una lección de vida y muerte, el eterno contraste. Esa imagen, que luego se repitió por muchos otros lugares, se quedó grabada en mi retina por mucho tiempo.

Cuando pude buscar los poemas de Tekaionwake, encontré esta delicia:

“Fire Flowers”

And only where the forest fires have sped,
Scorching relentlessly the cool north lands,
A sweet wild flower lifts its purple head,
And, like some gentle spirit sorrow-fed,
It hides the scars with almost human hands.

And only to the heart that knows of grief,
Of desolating fire, of human pain,
There comes some purifying sweet belief,
Some fellow-feeling beautiful, if brief.
And life revives, and blossoms once again”

E. Pauline Johnson

Como no ha sido traducida aún al español (????),  aquí os dejo mi versión de este breve poema con la ayuda de mi querida amiga y traductora  Silvia Cuevas-Morales

 

Solo donde los incendios forestales se excedieron

quemando implacablemente las frías tierras del norte,

una dulce flor silvestre alza su cabeza morada,

y, como un gentil espíritu alimentado por el dolor,

oculta las cicatrices con manos casi humanas.

 

Y solo al corazón que conoce la pena,

del fuego desolador, del dolor humano.

Le llega una dulce sensación purificadora

Un hermoso compañerismo, breve

Y la vida revive y florece una vez más.

 

 !Y me enamoré de la poesía de esta valiente mujer!

Su libro de poemas “Flint and Feather” es uno de mis libros de cabecera.

 

!Ya ha comenzado el viaje!

[thrive_2step id=’209714′]¿Te ha gustado este artículo?[/thrive_2step]

!Si, quiero la Guía!

Responsable Marisol Torres.

Aquí nuestra Política de Privacidad.

 

SUBSCRÍBETE y sigue nuestras aventuras 

 

¿Te gustó este artículo?

Subscríbete a nuestra página para leer nuestras nuevas aventuras

Responsable Marisol Torres.

Aquí nuestra Política de Privacidad.