¿UNA RANA ATADA? by BLUE

¿UNA RANA ATADA? by BLUE

¿De verdad alguien es tan salvaje como para atar a una rana?

Una rana “atada” desata la furia de una señora que paseaba cerca del río.

Ya está aquí la primavera, con sus ratitos de sol y sus aguaceros. La verdad, a mi me gusta que el monte huela a lluvia, pero  no me gusta mojarme, por eso me voy escondiendo donde puedo para protegerme de la lluvia.

Ese día primero hizo sol, luego llovió un poco y de nuevo salió el sol. Estábamos en La Pedriza y mami quería probar una colchoneta que se acababa de comprar, mientras yo perseguía los olores de unas ardillas que se mofaban de mí desde los árboles.

De pronto se escuchan unos gritos; una señora muy, pero que muy enfada, grita cerca de nosotros.

Va con un señor, también mayor, y gritan justo al otro lado del río. No tengo un vocabulario muy amplio, pero sé distinguir palabras como “salvaje”, “denuncia”, “intolerable”… Ellos gritan y gritan !”haz algo, hombre”! !”pobre rana”! y cosas así.

Mami, tumbada tranquilamente leyendo en su recién estrenada cama de aire, escucha un poco los gritos y sigue con su libro.

Tranquilo, Blue, me dice, parecen un poco histéricos.

Pero ellos gritan y gritan, yo ladro y ladro, y finalmente mami se levanta y cruzamos el puente al otro lado del río.

 

Al llegar al otro lado, en una charca pequeñita, hay… una rana atada.

Eso es lo que insiste en gritar la señora.

Nos acercamos para descubrir que no es una rana, son dos, y se están apareando.

El macho, pequeñito (pero valiente) está sobre la hembra, y ella va soltando una cadenita de huevos que el macho está fertilizando sobre la marcha.

Trabajo en equipo se llama eso.

Pero claro, si no sabes qué está pasando, y no ves ni tus pies, podría pensarse que la rana está atada.

 

Mami le dice a la señora que, por favor, deje de gritar y perturbar la paz de esas dos ranas que sólo se están reproduciendo.

A la señora no le gusta que mami le lleve la contraria, y sigue gritando que es una salvajada, que eso es para denunciarlo, que quien habrá sido el gamberro… No hay forma de que entienda lo que tiene ante sus ojos.

Con todo ese escándalo hemos alertado a los pocos paseantes, y al momento llegan unos montañeros, que preguntan qué pasa… mientras la señora sigue con sus gritos.

 

Los montañeros estallan en carcajadas, mami se les une, y creo que se les podría escuchar en Tombuctú. Yo correteo feliz.

Los señores se alejan, muy dignos, hablando entre ellos de lo poco respetuosos que son los jóvenes.

Mami y los montañeros siguen riendo y yo me siento feliz con nuevos amigos que me miman.

Y además me doy unas carreras entre estas florecillas tan hermosas.

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¿QUIEN ME HA ROBADO MI ABRIGO? by BLUE

¿QUIEN ME HA ROBADO MI ABRIGO? by BLUE

¿Quién me ha robado mi abrigo?

 

Ayer tan contento y calentito con mi hermosa y larguísima mata de pelo “mira mi morena qué mata de pelo” y hoy hecho un desgraciado sin abrigo y con la dignidad por los suelos.

 

!Que me siento desnudo!

A mi no me molestan los nudos en el pelo.

A mi no me molestan las semillas que se me enganchan al pelo.

A mi no me molesta no estar perfectamente peinado como esos perros cursis de abuela de ciudad.

A mi no me molesta tardar eones en secarme.

Entonces…

 

¿Quién me ha robado mi abrigo?

 

No me valen excusas

 

¿Quién me ha robado mi abrigo?

 

 

 

 

 

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PRADERAS DE LAGARTIJAS Y JABALÍES by BLUE

PRADERAS DE LAGARTIJAS Y JABALÍES by BLUE

HAYEDO DE TEJERA NEGRA

(Para que los humanos lo ubiquéis en el mapa)

 

Yo soy Blue, un yorkshire de 5 años que vive en Lavapiés.

¿Y qué pinto yo aquí? Pues que soy el fiel escudero de mi mami, y me lleva por el mundo… y me deja que os cuente mis historias.

Vivo en Lavapies, ese barrio de Madrid tan moderno y multicultural y tan escaso de árboles, praderas y sitios donde correr.

Me encanta el coche, he de confesarlo, así como detesto la bici, el metro, el autobús y los aviones, lo del coche me parece el mejor de los inventos humanos. ¿Qué por qué me encanta el coche? Para mí el coche es libertad, correr donde me gusta, olerlo todo, respirar aire muy limpio, mojarme la barriguita en aguas transparentes, perseguir ranas, olisquear huellas de pájaros, reptiles y esas mil sorpresas que el bosque guarda para alguien como yo, alguien con un olfato quinientas veces más poderoso que mi mami humana.

Yo sé que es lunes y toca ir al monte, y espero ansioso que me llame, dice “Blue, nos vamos al monte” y a mí se me acelera el corazón. Salimos de casa, con alguna meadita de por medio, claro, y llegamos al coche. Mami y so solitos, casi siempre, viajamos con buena música  y después de una siestecita el coche reduce la velocidad y comienzan las curvas. Ahí ya me despierto del todo y me asomo por la ventanilla a oler.

El día de las praderas de las lagartijas el viaje se me hizo un poco largo.

Ese día, además,  venía una amiga de mami y tuve que viajar en el asiento de atrás, menos mal que cuando comenzaron las curvas ella me cogió en brazos y yo pude asomarme bien a olerlo todo.

Y al fin, después de mucho rato, llegamos. Mami me puso la correa porque parece que está prohibido que nosotros, los perritos, vayamos corriendo libres. Los humanos son raros, ellos deberían llevar correa alguna vez para saber lo que se siente.

Correteando por la pradera junto al río, con la correa puesta, aquello era una fiesta de olores: ranas, saltamontes, pequeños ratoncillos… pero yo no podía salir corriendo detrás de ellos, y son listos y se escapaban de mí.

 

Setas que parecen mariposas

A mami le debí dar mucha pena y como no había más humanos que nosotros, me soltó.

!Comienza la fiesta! Olores de animales que ni siquiera conozco, aunque algunos los encontré en la memoria de mis genes; setas, infinidad de setas con esos colores como mariposas preparadas para el baile, las texturas,  y un arroyo pequeño y transparente donde buscar…

El viento, cuando sopla sobre el agua, parece que refresca los olores, te paras un momento y la nariz comienza a percibir aquel roble que ya está podrido y alberga miles de insectos, las huellas olfativas del paso inconfundible de una manada de ciervos, el olor persistente del pis del zorro, los pájaros que me miran desde los árboles de la ribera, incluso alguna madriguera de culebras (en ese caso me contengo, me dan miedo las culebras, mucho). 

Ibamos los tres por un sendero, siguiendo el curso del río, y con ese extraño día de sol de otoño, de calor intenso e inesperado, hasta las lagartijas se posaban sobre las piedras del borde del río a tomar el sol, las pobres en breve se tendrán que esconder en sus madrigueras y estaban aprovechando ese regalito de sol.

Yo no quiero comerme las lagartijas, me gusta mucho la comida que me da mami y me ha enseñado a no comer nada que ella no me dé, pero las lagartijas no lo saben, pobres, y según me acercaba a ellas salían corriendo a esconderse ¡Justo el juego que más me gusta! ¡Jugar a perseguirse! Bueno, ellas no me persiguen, pero creo que entienden que soy inofensivo y salen corriendo y me esperan unas cuantas piedras más allá.

Toda una fiesta… pero claro, mami y su amiga no son tan entusiastas de correr detrás de lagartijas, así que después de sentarse un ratito dejándome jugar, me silbaron para hacerme volver al “buen camino”. ´ 

Tela de araña o un juguete imposible

Encontramos una cosa muyyyy rara: una tela de araña llena de gotitas de rocío. Desconcertante, por un lado el olor a arañas y mosquitos, pero encima, como de postre, un olor a lluvia de hayedo.

No me dejaron entrar a olisquear, podría romper el trabajo de la araña de mucho tiempo y eso es “cruel”, me dijeron.

Los bosques de hayas me gustan muchísimo, esos árboles con la corteza tan lisa, de color casi blanco, son ideales para frotarse contra ellos y dejar mi firma impresa. En otoño se les caen las hojas en un mosaico de amarillos, naranjas y rojos, tejen una alfombra de hojas sobre las que correr es una delicia, levantando olores maravillosos que me recuerdan aquellos tiempos en que corríamos salvajes por los bosques.

Me encanta revolcarme entre las hojas, llevarme el aroma de las hayas pegado al cuerpo, para luego deleitarme con él en la ciudad.

Mami y su amiga siempre van hablando, esas cosas que hacen tanto los humanos, mientras yo correteo y vigilo para que nada les pase, que yo sé que ellas no conocen el bosque como yo.

Mientras ellas hablaban yo percibí un olor que conozco muy bien: jabalíes. Y con ellos no funciona el juego de perseguirse, salen corriendo en cuanto me huelen, aunque huelen mucho menos que yo. Así que me paré en el camino como diciendo: ¿a ver, vais a salir corriendo o qué? Y la mamá jabalí y las dos crías que la acompañaban pasaron corriendo por delante de nosotros. Mami y su amiga se pusieron tan contentas y sacaron los móviles para hacerles una foto, pero claro, los jabalíes son más rápidos, y se perdieron en el bosque.

Mami y su amiga me felicitaron y me dieron un trocito de jamón como recompensa, que es mi golosina favorita.

Tres ciervos corriendo

Así que el resto del paseo estuve pendiente de los jabalíes, pero no encontramos más y ya cuando casi habíamos llegado al coche, ¡zas! tres ciervos correteando por mi pradera. Solo ladré un par de veces, sé que mami siempre mira cuando ladro, y se pusieron tan contentas, pero no me dieron jamón, ya se habían comido todo.

Y de vuelta al coche, esta vez a casita, que después de un día tan largo e intenso, también me gusta.

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PD: Si quieres leer sobre experiencias humanas, viajes y poesía mira los post de Marisol, mi mami, aquí encontrarás otra visión del mundo.

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