!Ya estamos en Canadá y comienza la aventura!

Después de las primeras ocho horas de vuelo, Madrid-Montreal, en las que mi querido Blue ha dormido como un perrito feliz y gracias al maravilloso trato de las azafatas de Transaat, que nos han dejado tres asientos para nosotros solitos, un lujo.

Finalmente hemos puesto el pie en Montreal, o mejor dicho en el aeropuerto de Montreal.

!Y a calle! a fumar un cigarrillo (yo) y hacer unos primeros pises en Canadá (Blue).

Paseíto por la zona internacional del aeropuerto, un sin parar de taxis, autobuses, Uber, gentes que van y vienen en esta cálida tarde de San Juan, una delicia de temperatura cuando vienes de la tórrida Madrid.

Tras un par de horas de espera, vuelo a Calgary, esta vez más corto.

En ningún momento, nadie, en ninguna aduana, ni puerta de embarque, me ha pedido los documentos de Blue, así que tras pasar la aduana de entrada ya en Montreal, hemos salido del vuelo en Calgary listos para abrazar (yo) y lamer (Blue) a mi querido hijo, Daniel, que nos esperaba emocionado.

CÓMO VIAJAR CON PERRO EN AVIÓN…  sin desesperarse.

Los últimos días de preparativos para esta aventura han sido largos, complicados, agobiantes… Mucho más porque, apenas una semana antes de embarcar, me comunica la compañía aérea que no puedo viajar con Blue, y eso que compré el billete con una compañía que admite perros en cabina, o al menos eso es lo que declara en su página ¿¿¿¿????

Que una línea aérea no admita perros en cabina puede parecerte bien o mal, es su decisión, pero si en su página y su condicionado indican que sí, luego no pueden negarse. !Pero lo hacen!

Mi perro, Blue,  pesa menos de 8 Kg, tiene su bolsa de viaje reglamentaria, su pasaporte, su cartilla de vacunación actualizada, incluso su Certificado de Salud visado, específico para Canadá y USA, por el Ministerio de Agricultura,  les he solicitado el billete de Blue  con tiempo y su condicionado así lo especifica, aún así, pueden negarte el vuelo.

!Desesperación absoluta! Sin Blue no sería capaz de emprender esta aventura.

Tras muchas llamadas, la reserva para Blue  sólo puede hacerse por teléfono a un número de Canadá,  varios intentos fallidos y una factura de telefonía para echarse a llorar, decido pedirle a mi hijo, que vive en Calgary, que se ocupe él de hablar con la aerolínea.

Después de argumentar y discutir y contra argumentar, nos ofrecen una única solución: Emotional Support Dog.

Es decir, un animal de soporte emocional para mi, por mi incapacidad de viajar sin él. Así que busco un psiquiatra, me evalúa la incapacidad de emprender esta aventura sin Blue y me extiende un certificado en español e inglés  (previo pago de unos honorarios elevados).

Un “ábrete sésamo” que me otorga, en apenas cinco minutos, un billete para Blue. !Al fin!

 

!A convertir la furgo en casa rodante!

Tenemos una semana, solamente una semana, para convertir la furgo en mi casita rodante para estos dos meses. Hay que instalar el suelo, los paneles solares que alimentarán la batería para la nevera, el ventilador y  los enchufes para el portátil, montar la cama, los muebles de cocina, la pila para lavar… hay mil cosas que hacer.

Aprovecho las mañanas para, con la ayuda inestimable del gps del móvil, con la aplicación  “maps.me” que funciona sin conexión a internet y no necesita datos, para recorrer Calgary de almacén en almacén buscando todo lo que necesitamos. Las tardes, cuando llega Daniel, a trabajar como locos para ir instalando todo.

La colocación de suelo nos lleva dos días: primero el aislamiento térmico y acústico, luego una goma protectora, luego planchas de madera y finalmente un precioso suelo de friso de madera que ya nos da aspecto de casa. !Ha quedado precioso!

Los días son taaaan largos que hasta las 11 de la noche es de día, por lo que acabamos jornadas maratonianas absolutamente cansados. La “fragoneta” va tomando forma.

Instalamos, con la ayuda de Rauth, compañero y amigo de mi hijo Daniel, los paneles solares, el conversor, la batería auxiliar… y el equipo de música de la furgo, algo esencial para acompañarme en estos dos meses de soledad.

Mientras los chicos, Daniel y Rauth, instalan la cama y los muebles de la cocina, yo me dedico a preparar cortinas y a cubrir los encuentros de las maderas de techo y paredes con una tela de colorines y flores, es lo único que he encontrado en los tejidos de Ikea en Calgary. Queda un espacio muy cuco, muy femenino. Me voy a sentir muy cómoda aquí.

Nos falta la nevera, terminar el arcón junto a la cama y colocar las pegatinas en el exterior de la furgo.

Una carrera cuasi contra reloj, es 30 de Junio y aún no hemos terminado. !Un sinvivir!

Amanece un precioso domingo, 30 de Junio, un luminoso día de verano con 27 grados !tan lejos de los 38 que mi gente de Madrid está sufriendo!

La furgo es ya, casi, una casita. Hay que poner las pegatinas, hacer la compra, colocar un poco todo y estaremos listos para iniciar esta aventura.

!Colocar las pegatinas de travellingpoems y bautizar la furgo, es lo único que nos queda!

… y llenar el depósito de gasolina, sacar algo de dinero, anotar todos los trucos y posibles problemas del panel eléctrico del sistema de alimentación y cumplir el capricho de Daniel: la furgo tiene 99.985 kilómetros, y Daniel quiere hacer los 100.000, así que aprovechamos para todos esos pequeños detalles que nos faltan.

Son casi las 9 de la noche cuando volvemos a casa, ya en los cien mil, me despido de Daniel y en un simbólico acto de entrega de llaves  !comienza la aventura!

!A recorrer Canadá!

!Si, quiero la Guía!

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