SKAGWAY ALASKA

Entrando en los USA por un camino muy poco habitual

¡Estoy de nuevo en Alaska!

Y esta vez de verdad, aunque aún estoy lejos de lo que desde Europa consideramos Alaska, ese pedacito de tierra en la costa oeste de Canadá. Esta vez he pasado la Aduana americana

Al llegar a la frontera, un oficial de origen mejicano muy simpático, que se ha desecho en carantoñas a Blue, me envía a aparcar la furgo y caminar hasta la oficina de la aduana. Yo,  por si las moscas, me llevo a las oficinas su pasaporte, su cartilla sanitaria y  su Certificado de Salud visado, específico para Canadá y USA, por el Ministerio de Agricultura, pero nadie me pregunta si llevo un animal, ni siquiera si tengo algo que declarar… así que no digo nada.  Presento mi documentación, me toman las huellas dactilares de todos los dedos, foto, foto de cerca para captar el iris del ojo, declaro que no llevo ni alcohol ni tabaco más allá de lo que necesito para mi consumo personal, y un pago adicional de 6 USD, por las gestiones.  Ya tengo mi Visado para los próximos 3 meses.

De camino hacia Skagway (Alaska), me detengo unos días en  Carcross  (o su nombre anterior que me gusta más: Caribou Crossing) aún en territorio del Yukon, y su legendario lago Bennet. Yo iba con la idea de quedarme en el lago Bennet y ver el final del camino del paso del Chilkoot que recorrían los buscadores de oro desde Skagway  y Dyea  hasta Dawson City, pasando por aquí.

Miro en detalle el mapa, el puerto de Skagway  y Dyea, los lugares a los que llegaban en barco los miles de aventureros que emprendieron la carrera de la Fiebre del Oro está solo a 105 km, merece un paseo conocerlo.

La carretera es espectacularmente hermosa, pero en obras. O en barro, para describir mejor la situación. Están arreglando los baches que se producen cuando se derrite la placa de permafrost bajo el suelo, por lo que mueven ingentes cantidades de tierra para rehacer el firme de la carretera, la tierra se convierte en barro con las lluvias y el resultado son kilómetros de barrizal. Nunca había tenido tan sucia la furgoneta, da asco acercarse a ella, pero ya la lavaré cuando vuelva, hoy es día de conocer este rinconcito de Alaska.

La carretera discurre siempre junto al agua, primero bordea el Nares Lake, deja aparcamientos al borde en aquellos lugares en que te quedarías horas y días, por ejemplo frente a la Bove Island, un pequeño paraíso rodeado de agua en un paisaje de piedras y árboles, musgos y rocas, agua y verde esmeralda. Unos kilómetros después aparece el anuncio del Yukon Suspension Bridge, que no tengo ni idea de lo que es, pero tiene buena pinta y hay bastantes coches parados en su enorme aparcamiento.

El Yukon Suspension Bridge es un puente colgante de 60 metros de largo que cruza el hermosísimo cañón del Tutshi River. Alrededor hay restaurante, tienda, paneles informativos sobre la fiebre del oro, muestras de herramientas utilizadas en la extracción de oro… y muchos americanos de tercera edad, que me sorprendió muchísimo. Luego descubrí que todos ellos procedían de los inmensos transatlánticos que atracan en Skagway, que está sólo a 45 Km.

El puente es de verdad impresionante, te sientes colgada en el vacío sobre un tumultuoso río que ruge muy abajo. Blue es valiente, pero el puente suspendido con el suelo de rejilla metálica, pudo con él, se negó a caminar y tuve que cruzarlo en brazos. Luego, al otro lado, se enamoró de una señora americana en silla de ruedas y se le subió encima, para regocijo de la señora… pero esa es otra historia.

Parada obligada ante el cartel de Welcome to Alaska, desde la que comienza una bajada con un desnivel de más del 20%, desde las montañas hasta el mar, abajo, muy abajo.

He caminado  los 4 primeros kilómetros, hasta el Beaver Pond, es muy duro sin llevar nada de peso, imagino lo que debía ser cargado a tope y eso que es la parte más planita, la que menos desnivel tiene…

La historia del Gold Rush, la Fiebre del Oro para nosotros, me ha fascinado desde siempre; miles de personas lo dejan todo y se meten en una aventura brutal recorriendo 800km por terreno absolutamente salvaje para intentar encontrar oro. Unos pocos lo consiguieron y se hicieron tremendamente ricos y el resto… vivió la aventura o acabó enterrado entre estas montañas.

Aunque se ha hablado mucho de Georges Carmack, casi nunca se menciona a su esposa, Kate, Shaaw Tláa su nombre Tinglit,  quien, según algunas fuentes, pudo ser la auténtica descubridora del enorme depósito de oro del Bonanza Creek, mientras estaban pescando salmón.

Kate Carmack, nació junto al Bennet Lake, en Carcross. Su padre era el jefe del clan de los cuervos Tinglit y su madre miembro del clan de los lobos Tagish. Se casó con un primo, se mudaron a Alaska  y tuvieron una hija, pero ambos murieron durante la pandemia de “gripe asiática”, que mató a más de un millón de personas. Kate volvió a Carcross, donde comenzó la asociación entre el hermano de Kate, Skookum Jim y George Carmack para la caza y la prospección minera.

Shaaw Tláa, Kate, se unió al grupo, se convirtió en la esposa de George y adoptó el nombre de Kate Carmack. Durante los seis años siguientes, mientras George ponía trampas y comerciaba con pieles durante el invierno y buscaba oro en verano, Kate contribuía al mantenimiento de la familia cosiendo ropa de invierno para vender a otros mineros. En 1893 nació su primera hija, Graphie Grace.

 

Kate Carmack

En Agosto de 1896 descubrieron grandes cantidades de oro en Bonanza Creek, arroyo del Klondike, y George Carmack registró la zona de prospecciones a su nombre. Esto desató la fiebre del oro. Durante el invierno de 1896 aunque sabían que serían ricos, no tenían aún dinero. Los hombres pasaron aquel invierno cavando pozos para extraer el oro, mientras Kate cosía pieles para convertirlas en mocasines y horneaba pan para su venta a otros mineros. Cuatro años después su fortuna se calculaba en más de un millón de dólares. En 1900 eran una familia muy rica, se mudaron a Seatle y después a California.  George abandonó a Kate, con la que oficialmente nunca se casó, dejándola sin un céntimo. Ella inició acciones legales contra él, pero dada su condición de nativa, la justicia no apreció sus demandas… Abandonó y volvió a su ciudad natal, Carcross. Nunca se llegó a ningún acuerdo con George.  Kate Carmacks, una de las grandes pioneras de la fiebre del oro, nunca tuvo reconocimiento oficial, y ha sido una más de las grandes mujeres ignoradas en esta historia de tesón, aventura y supervivencia.

Recientemente, el Salón de la Fama de Dawson City, a orillas del Klondike, el corazón de la fiebre del oro, ha incluído a Kate Carmacks entre sus grandes.

A partir del descubrimiento del oro en el Klondike, los mineros que había por la zona buscando oro acudieron en desbandada hacia los alrededores del arroyo Rabbit Creek, después rebautizado como Bonanza Creek y cuando un año más tarde regresaron a Seattle y San Francisco cargados con oro, desataron la gran Fiebre del Oro del Klondike, la mundialmente conocida Gold Rush.

El paso del Chilkoot, ubicado en los territorios de los Tinglit y Tagish, se convirtió en un hormiguero de porteadores recorriendo arriba y abajo la pendiente nevada de la montaña para transportar toda la carga hasta el cuello.

Desde el nivel del mar en Dyea hasta sortear la cima del Chilkoot, a 26 kilómetros, había que sortear una peligrosa y empinadísima pendiente permanentemente helada. Una noche de invierno, un par de visionarios oportunistas, tallaron en el hielo, a pico y pala, una serie de 1500 escalones que permitían subir la pendiente helada con algo más de comodidad. A la mañana siguiente, estos dos visionarios, se colocaron al inicio de la que fue conocida después como las “Golden Stairs” y cobraron peaje por la subida.

Una vez superado el paso del Chilkoot, los mineros construían una embarcación en Bennett Lake, donde nace el Yukón, y navegaban más de 600 km a lo largo del río hasta Dawson City.

Los nativos se ofrecieron como porteadores a todo el que podía pagarlo. La escena fue inmortalizada en la obra escrita de Jack London (que participó en la Fiebre) y en la película La quimera del Oro de Charles Chaplin, entre otras.

La Policía Montada del Canadá, previendo las necesidades que los mineros tendrían para sobrevivir el invierno, obligaba a todo el mundo que quisiera entrar en el Yukón a transportar una tonelada de equipaje entre comida, ropa, tienda, estufa, etc.

Atardecer en el Lago Bennet

Pero lo que me interesa sobre todo en la historia de la conquista del oro son las mujeres que participaron y de las que nadie habla. Más del 30% de los aventureros que vinieron hasta aquí era mujeres y nunca se las menciona más allá de las prostitutas de Dawson City.

Hemos vuelto de nuevo a Canadá, junto al lago Bennett, el temible lago Bennett para los conquistadores del oro. Y una de las cosas buenas que tiene el lago Bennett es esta playa dónde Blue ha estado correteando y jugando con otros perros.

Y como he estado en los USA me he comprado un filetón y una botella de Malbec argentino, y aquí estoy celebrando mis primeras millas del Chilkoot Trail en la desembocadura del Lago Bennet.

!Si, quiero la Guía!

Responsable Marisol Torres.

Aquí nuestra Política de Privacidad.

 

SUBSCRÍBETE y sigue nuestras aventuras 

 

¿Te gustó este artículo?

Subscríbete a nuestra página para leer nuestras nuevas aventuras

Responsable Marisol Torres.

Aquí nuestra Política de Privacidad.