CANADA: ALBERTA, DE CALGARY A MOUNT ROBSON

CANADA: ALBERTA, DE CALGARY A MOUNT ROBSON

!Estamos en la carretera, comenzamos esta aventura!

Dia 1 de CALGARY a LAKE LOUISE (185 kilómetros)

Serán casi diez mil kilómetros, Blue y yo abordo de esta furgoneta recién terminada, cómoda y hermosa, “muy de chica” por sus acabados en telas de flores y plantas en las paredes. Así que realmente somos tres seres vivos aquí, una humana, un perro y unas plantas.

He salido de Calgary casi a las 9 de la noche, mucho más tarde de lo previsto, y a pesar de que no me gusta nada viajar de noche, entre las compras de última hora, el bautismo de la “fragoneta”, llenar el depósito de gasolina, las últimas instrucciones de mi hijo Daniel sobre el sistema eléctrico y todas esa pequeñas cosas, se me ha hecho tarde, realmente tarde, pero estaba  decidida a comenzar este viaje el día 1 de Julio.

Cuando he arrancado y puesto rumbo a Lake Louise, la primera joya de las Rocosas,  justo en el primer semáforo, ha comenzado a sonar “Tajebone”, esa maravillosa canción de Ismael Lö y unas lágrimas dulces y liberadoras me han arrasado… por dejar a mi hijo, al que he visto sólo una semana, por la aventura en sí, por la tensión de los últimos días preparando la furgoneta a la carrera, porque estoy loca ¡, absoluta e irresponsablemente loca por iniciar este viaje de noche, lloviendo y con un coche que apenas controlo, pero quería amanecer en las Rocosas.

Llueve a mares por la autopista, no estoy aún familiarizada con los controles de los limpiaparabrisas, apenas hay coches en la carretera y aunque son casi las once de la noche y debería haber un sol pálido aún en el cielo, es noche cerrada.

Mi plan era dormir en Mosquito Creek, el primer lugar en el que dormí hace dos años en las Rocosas. Cuando paso el desvío hacia la Icefield Parkway, que es ya una carretera de dos direcciones, estrecha y oscura, estoy a punto de dar la vuelta;  la noche está difícil y parece que hay barro por todos los desvíos, aún así sigo camino unos kilómetros más, hasta que finalmente, en un tramo sin curvas, decido dar la vuelta y volver.  

Me reconozco el miedo, lo asumo y pongo “ruedas en polvorosa” hacia  Lake Louise, a pasar esta primera noche de diluvio a un lugar algo más civilizado.

Hay un centro comercial justo a la entrada, bastantes coches aparcados y todos los negocios ya cerrados, así que me instalo  y me preparo para pasar mi primera noche en soledad.  Como los nervios y la angustia de estos primeros kilómetros me han dejado agotada, me tomo un enorme tazón de leche caliente con cereales y a dormir en esta comodísima cama.

Blue se coloca a mis pies y cae rendido, supongo que él también acusa los nervios del día.

Dia 2 de LAKE LOUISE a MOUNT ROBSON (258 Km)

¡Estamos en las Rocky!

Amanece un tímido día de sol, pequeñas gotas de rocío cubren las ramas de los árboles cercanos, la hierba de un verde rabioso brilla bajo la luz de la mañana, huele a bosque, un par de ardillas suben y bajan por los troncos de los pinos y una bruma suave cubre la cima de las montañas . Desayunar frente a este paisaje es un regalo.  La entrada a las Rocosas, uno de los lugares más hermosos del mundo,  me da los buenos días.

Blue es un perrito feliz, sale disparado de la furgo, las ardillas parecen jugar a provocarlo, bajan, corretean delante de él y cuando se acerca, trepan con esa envidiable agilidad a las ramas más altas.  Por la forma en que olfatea el aire y me mira, entiendo que está disfrutando de nuestro primer día de aventura.

Ya son las diez de la mañana, la bruma se ha disipado y arriba, sobre el valle, los imponentes picos de las montañas se recortan contra el cielo. Ya había recorrido estos parajes, aún así, tanta belleza me sobrecoge.

Iniciamos camino hacia el Bow Lake, esa preciosidad de lago, que forma el río Bow, al que ya conozco bien y que he navegado en Calgary. Hay cientos de turistas, mayoritariamente asiáticos y pakistaníes. Los aparcamientos que bordean el lago están llenos de coches, los bordes del lago festoneados en rosa intenso por las flores  de las  fireweed, las montañas se miran, orgullosas, en las aguas transparentes del lago, y el mundo parece un lugar mejor… aunque demasiado habitado.

Estos trescientos kilómetros, donde parece haberse concentrado toda la belleza que cabe en el mundo, son también los más visitados, los más turísticos, pero si te alejas apenas trescientos metros del coche, si caminas más de diez minutos, dejas atrás la aglomeración de turistas. Leí un artículo sobre el comportamiento de los turistas en las Rocosas donde se indicaba que el 90% no se alejan de su coche más allá de 100 metros. Llegan al lugar, se bajan, se hacen unas fotos y siguen camino.

Yo, hoy, he actuado como ese 90% de turistas. Son paisajes que ya conozco y me abruma tanta gente. Increíble en alguien que viene de una ciudad como Madrid, que vive en Lavapiés, y sin embargo vengo buscando precisamente eso: soledad y paisajes limpios.

Parada larga frente al Athabasca Glacier, ese glaciar que ya he recorrido y que me produce una sensación ambigua: por un lado es de una belleza inmensa y  observar  el retroceso del glaciar en los últimos años (marcando en los bordes el lugar que ocupó el hielo) es preocupante, pero por otro lado, es un glaciar “prostituído”: hay vehículos oruga, los Ice Explorer que llevan a los turistas hasta la mitad del glaciar, lo que supone una enorme presión sobre el entorno natural, con lo que conlleva de deterioro del lugar. El poder pisar un glaciar es algo con lo que todos soñamos, hacerlo a media hora caminando desde el aparcamiento, un lujo. Si ya te pagas los 103$ del Ice Explorer, solo tienes que caminar directamente sobre el hielo.

Me estaba preparando una ensalada cuando Blue comenzó a jugar con una chica que estaba en la furgoneta de al lado. Unos brasileños que estaban recorriendo las Rocosas, gentes encantadoras, preparaban en una barbacoa portátil un pollo marinado. Me invitaron a comer con ellos, charlamos, tomamos café, comentamos el maravilloso paisaje que nos rodeaba, hablamos de Brasil y sus selvas deforestadas por la codicia, de la enorme presión turística de este glaciar, de lo hermoso que es viajar así, en una furgoneta, parar donde te plazca, dormir junto a arroyos transparentes, bosques encantados…

Sigo camino hacia Saskatchewan River Crossing, conocido como “El cruce”, en la confluencia de los ríos Saskatchewan, Howse y Mistaya, único lugar de cruce de estos inmensos ríos, que usaban los viajeros y comerciantes de pieles, ayudados por los conocimientos de los indígenas de la región. En un hermoso mirador sobre el río, con carteles explicativos sobre el pasado de esta zona, puedes fácilmente imaginar esas caravanas de carretas de los aventureros que cruzaban la región. Imaginarles cruzando en verano, pese al cauce del río, es ya toda una gesta. A lo largo del invierno, con un mar de hielo alrededor, aunque quizá fuese una empresa más fácil, sin las ropas, los abrigos, el equipamiento de montaña actual, me parece de una heroicidad inmensa.

Es casi imposible conducir por esta carretera sin encontrar un atasco. Atasco es, siempre, igual a oso. Los coches se paran en el arcén, los autobuses directamente se detienen en medio de la carretera, casi se escuchan los cientos de clicks de las cámaras de fotos sobre un oso, casi siempre negro, que tranquilamente recorre “su” bosque. Los guardabosques del Parque Nacional de Banff no tardan en aparecer, disuaden a la gente de bajarse del coche y acercarse al oso, no deja de ser un animal salvaje que puede atacar en cualquier momento, y desde luego tanta gente perturba de verdad a ese ser libre. Poco a poco va disolviéndose el atasco. Hasta el siguiente oso.

 

Parada en Jasper para comprar un convertidor de enchufe, había olvidado que tengo que cargar también la cámara de fotos y no tengo conversor. Esta pequeña ciudad es una preciosidad de lugar, casas de madera rodeadas de flores, una estación de tren inmensa, restaurantes, tiendas y supermercados, y mucho turista. Es el “final” de las impresionantes Rocosas, y lugar de parada obligada.

No quiero pasar la noche en una ciudad, así que como quedan aún unas horas de sol, tras pasear un rato por los civilizados lagos de Anette y Edith, donde me obligan a llevar a Blue con correa y está prohibido que los perros recorran la arena del borde del lago, seguimos camino.

Al caer la tarde, tras unos hermosísimos kilómetros de bosques inmensos, llegamos a las inmediaciones de Mount Robson. Ha comenzado a caer una lluvia suave, las nubes se han apoderado del cielo y hace fresco. Me detengo un rato a la entrada del Parque Nacional, mientras consulto el mapa. Blue corretea por el enorme aparcamiento casi vacío. Se me acerca un chico y me pregunta si tengo algo que ver con la poesía, que lleva siguiéndome un buen rato a ver si me paro, porque le ha llamado la atención la pegatina que recubre mi furgoneta “travellingpoems”. Es, también, brasileño, poeta y cazador de auroras boreales, trabaja en un lujosísimo camping privado a un par de minutos de aquí. Me ofrece pasar la noche en el camping, gratis, por supuesto.

Me preparo una sopa de arroz y pollo para cenar, una copa de vino y veo como la noche va apoderándose de este precioso lugar mientras Blue olfatea y corre alrededor. Al rato aparece el chico, Cristiano, y hablamos durante horas de poesía, de auroras boreales, de la magia de estas montañas. Aquí, me dice, ya no llegan tantos turistas, hay muchos montañeros y unas rutas de senderismo espectaculares.  Tomo buena nota de sus amables indicaciones, a la vuelta, camino a Calgary, pasaré un par de días por aquí.

Me voy familiarizando con la furgo, voy colocando las cosas de un modo más ordenado, me siento cómoda en esta, mi casita rodante durante dos meses.

Ya salí de Alberta y ahora estoy en Beautiful British Columbia.

¡Qué hermoso es todo, por las diosas!

¡COMIENZA LA AVENTURA, ESTAMOS EN CANADÁ!

¡COMIENZA LA AVENTURA, ESTAMOS EN CANADÁ!

!Ya estamos en Canadá y comienza la aventura!

Después de las primeras ocho horas de vuelo, Madrid-Montreal, en las que mi querido Blue ha dormido como un perrito feliz y gracias al maravilloso trato de las azafatas de Transaat, que nos han dejado tres asientos para nosotros solitos, un lujo.

Finalmente hemos puesto el pie en Montreal, o mejor dicho en el aeropuerto de Montreal.

!Y a calle! a fumar un cigarrillo (yo) y hacer unos primeros pises en Canadá (Blue).

Paseíto por la zona internacional del aeropuerto, un sin parar de taxis, autobuses, Uber, gentes que van y vienen en esta cálida tarde de San Juan, una delicia de temperatura cuando vienes de la tórrida Madrid.

Tras un par de horas de espera, vuelo a Calgary, esta vez más corto.

En ningún momento, nadie, en ninguna aduana, ni puerta de embarque, me ha pedido los documentos de Blue, así que tras pasar la aduana de entrada ya en Montreal, hemos salido del vuelo en Calgary listos para abrazar (yo) y lamer (Blue) a mi querido hijo, Daniel, que nos esperaba emocionado.

CÓMO VIAJAR CON PERRO EN AVIÓN…  sin desesperarse.

Los últimos días de preparativos para esta aventura han sido largos, complicados, agobiantes… Mucho más porque, apenas una semana antes de embarcar, me comunica la compañía aérea que no puedo viajar con Blue, y eso que compré el billete con una compañía que admite perros en cabina, o al menos eso es lo que declara en su página ¿¿¿¿????

Que una línea aérea no admita perros en cabina puede parecerte bien o mal, es su decisión, pero si en su página y su condicionado indican que sí, luego no pueden negarse. !Pero lo hacen!

Mi perro, Blue,  pesa menos de 8 Kg, tiene su bolsa de viaje reglamentaria, su pasaporte, su cartilla de vacunación actualizada, incluso su Certificado de Salud visado, específico para Canadá y USA, por el Ministerio de Agricultura,  les he solicitado el billete de Blue  con tiempo y su condicionado así lo especifica, aún así, pueden negarte el vuelo.

!Desesperación absoluta! Sin Blue no sería capaz de emprender esta aventura.

Tras muchas llamadas, la reserva para Blue  sólo puede hacerse por teléfono a un número de Canadá,  varios intentos fallidos y una factura de telefonía para echarse a llorar, decido pedirle a mi hijo, que vive en Calgary, que se ocupe él de hablar con la aerolínea.

Después de argumentar y discutir y contra argumentar, nos ofrecen una única solución: Emotional Support Dog.

Es decir, un animal de soporte emocional para mi, por mi incapacidad de viajar sin él. Así que busco un psiquiatra, me evalúa la incapacidad de emprender esta aventura sin Blue y me extiende un certificado en español e inglés  (previo pago de unos honorarios elevados).

Un “ábrete sésamo” que me otorga, en apenas cinco minutos, un billete para Blue. !Al fin!

 

!A convertir la furgo en casa rodante!

Tenemos una semana, solamente una semana, para convertir la furgo en mi casita rodante para estos dos meses. Hay que instalar el suelo, los paneles solares que alimentarán la batería para la nevera, el ventilador y  los enchufes para el portátil, montar la cama, los muebles de cocina, la pila para lavar… hay mil cosas que hacer.

Aprovecho las mañanas para, con la ayuda inestimable del gps del móvil, con la aplicación  “maps.me” que funciona sin conexión a internet y no necesita datos, para recorrer Calgary de almacén en almacén buscando todo lo que necesitamos. Las tardes, cuando llega Daniel, a trabajar como locos para ir instalando todo.

La colocación de suelo nos lleva dos días: primero el aislamiento térmico y acústico, luego una goma protectora, luego planchas de madera y finalmente un precioso suelo de friso de madera que ya nos da aspecto de casa. !Ha quedado precioso!

Los días son taaaan largos que hasta las 11 de la noche es de día, por lo que acabamos jornadas maratonianas absolutamente cansados. La “fragoneta” va tomando forma.

Instalamos, con la ayuda de Rauth, compañero y amigo de mi hijo Daniel, los paneles solares, el conversor, la batería auxiliar… y el equipo de música de la furgo, algo esencial para acompañarme en estos dos meses de soledad.

Mientras los chicos, Daniel y Rauth, instalan la cama y los muebles de la cocina, yo me dedico a preparar cortinas y a cubrir los encuentros de las maderas de techo y paredes con una tela de colorines y flores, es lo único que he encontrado en los tejidos de Ikea en Calgary. Queda un espacio muy cuco, muy femenino. Me voy a sentir muy cómoda aquí.

Nos falta la nevera, terminar el arcón junto a la cama y colocar las pegatinas en el exterior de la furgo.

Una carrera cuasi contra reloj, es 30 de Junio y aún no hemos terminado. !Un sinvivir!

Amanece un precioso domingo, 30 de Junio, un luminoso día de verano con 27 grados !tan lejos de los 38 que mi gente de Madrid está sufriendo!

La furgo es ya, casi, una casita. Hay que poner las pegatinas, hacer la compra, colocar un poco todo y estaremos listos para iniciar esta aventura.

!Colocar las pegatinas de travellingpoems y bautizar la furgo, es lo único que nos queda!

… y llenar el depósito de gasolina, sacar algo de dinero, anotar todos los trucos y posibles problemas del panel eléctrico del sistema de alimentación y cumplir el capricho de Daniel: la furgo tiene 99.985 kilómetros, y Daniel quiere hacer los 100.000, así que aprovechamos para todos esos pequeños detalles que nos faltan.

Son casi las 9 de la noche cuando volvemos a casa, ya en los cien mil, me despido de Daniel y en un simbólico acto de entrega de llaves  !comienza la aventura!

!A recorrer Canadá!

VALLE DEL JERTE EN FLOR, e INMA CHACÓN

VALLE DEL JERTE EN FLOR, e INMA CHACÓN

El Valle del Jerte en flor es uno de los más bellos paisajes que descubrir cuando la primavera comienza a despertar.

Dos millones de cerezos en flor de un blanco inmaculado, plantados en terrazas en este estrecho valle, te regalan un profundo silencio aromatizado de flores.

Tumbada bajo este dosel de blanco contra el infinito azul sientes que eres parte este planeta. 

Es uno de esos lugares del que te llevarás un corazón henchido de blanco y una felicidad tranquila, donde dejarás sólo tu sonrisa y la huella de tus pies.

 

 

El sakura español

Las flores del cerezo, sakura 桜 en japonés, tienen un significado importante. Esto guarda relación con parte del código samurai en Japón. Es más, el emblema de los guerreros samurai era la flor del cerezo. La aspiración de un samurai era morir en su momento de máximo esplendor, en la batalla, y no envejecer y “marchitarse”, como tampoco se marchita la flor del cerezo, que cae del árbol empujada por el viento.

La importancia de los sakura se remonta a siglos atrás, cuando la floración de estos árboles marcaba el inicio de la primavera y, por lo tanto, avisaba del momento idóneo para plantar el arroz, alimento crucial para los primeros habitantes de este país.

Durante este período, los cerezos eran vistos como seres sagrados y se creía que las almas de los dioses de la montaña anidaban dentro de ellos.

Por ello, los agricultores veneraban a estos árboles y creían que, cuando las flores del sakura estaban en su máxima floración, era cuando los dioses bajaban a las villas y se convertían en arrozales para ayudar a la producción del arroz.

Como buenos amantes de la belleza, celebramos nuestro particular hanami 花見, que se traduce literalmente como “mirar a las flores”.

¿Sabes donde asistir a esta maravilla en Japón? Mira Aquí

Y si no estás en Japón, o te queda lejos, aquí tienes los mejores lugares del mundo para ver los cerezos en flor, seguro que alguno te queda cerca.

Nuestro hanami: paella mixta

Bajo el dosel en flor de los cerezos, sentarse con los amigos a tomar un vino, un poco de queso y unas aceitunas, ha sido nuestro maravilloso hanami de este año.

Y al caer la tarde, a la vera del río Jerte, mientras los cerezos en flor nos contemplaban desde el otro lado del río, nuestro hanami 花見 ha continuado con una paella sobre fuego junto a las aguas transparentes y mágicas de este río.

 

Hasta que domine buenas herramientas de vídeo, aquí te dejo uno muy “casero” del Valle del Jerte en flor.

Vista del valle a través del blanco de las flores, ¿no es para enamorarse?

Extremadura es la cuna de Inma Chacón

Este valle el mejor lugar para leer sus poemas a quienes amamos esa maravilla de los cerezos en flor, como ella misma escribe:

“…un ritual que se inicia tenazmente cada marzo.”

 

Mitos

Si buscáramos espejos
donde apagar la sed y la sequía

¿qué sería del agua?

¿Y del valor,
si bastara el reflejo del escudo
para vencer el miedo?

Qué sería del llanto
si pudiéramos sangrar
en las venas de los otros.

Y de los sueños
si no fuéramos
los que cerráramos los párpados.

Qué sería del abrazo sin piel
y de la lluvia sin salpicaduras.
Del brillo sin cristal
de la transparencia, sin el otro lado.

¿Qué sería de Sísifo sin piedra a sus espaldas?

Del negro, de la sombra.
De la verdad,
del día,
del roce de la seda.

¿Qué sería del mito
sin nosotros?


 Si quieres saber más de ella Aquí tienes su página personal

 

 


NI SIQUIERA EL DOLOR

(nueve de copas)

Ni siquiera el olor de tu ropa

ha conseguido quedarse

en el armario.

Nada de ti

conservan ya estas paredes

donde colgaste mis fotografías,

este vacío

que ordenarán otras manos

a su antojo.

Ni tú ni yo

pertenecemos ya

a este lugar

que parecía tan nuestro.

Las pesadillas y los sueños

salieron de la casa

con nosotros.

Sólo el jardín

recuerda vagamente

lo que fuimos,

nuestro jardín

y sus árboles perennes.

… Un ritual que se inicia tenazmente cada marzo

LA BARRANCA (NAVACERRADA) y WISLAWA SZYMBORSKA

LA BARRANCA (NAVACERRADA) y WISLAWA SZYMBORSKA

El Valle de la Barranca es uno de esos estrechos valles de montaña, con su riachuelo saltarín, sus pinos silvestres que perfuman el aire y un par de embalses para que la belleza de la La Bola del Mundo y la Maliciosa se refleje en sus aguas serenas.

Apenas a una hora de Madrid, este valle encantador te ofrece una hermosa y fácil senda con un bonito recorrido de unos 11 kilómetros por las laderas de valle. Si quieres una ruta ya de campeones, súbete a la Maliciosa.

 

En el silencio del bosque encontrarás pájaros cantando al inicio de la primavera, ardillas juguetonas, cornejas, buitres leonados, jabalíes, zorros, águilas calzadas que pasan aquí sus veranos y, si tienes suerte, podrás maravillarte con el vuelo del águila real.

Después de bordear los dos embalses, deleitarnos con la elegancia  de los patos dibujando uves perfectas en el agua, asustar a alguna rana con nuestras pisadas y respirar hondo, mi pequeño escudero Blue y yo comenzamos a subir por entre los pinos. Una ardilla curiosa nos observaba desde las ramas, Blue corría debajo del árbol como diciendo “venga, baja a jugar un rato”, pero ella siguió saltando de rama en rama ignorándonos.

El camino va subiendo lentamente dejando al río Samburiel abajo. Una hora después, cuando el canto del río apenas llegaba hasta los pinos, decidí bajar a su vera por una pendiente tan empinada y suelo suelto lleno de hojas de pino secas que pensé que me iba a dar el golpe del siglo. Afortunadamente llegamos al río sin incidentes.

Me apasionan las corrientes de agua, el perfecto cristal de sus remansos, los remolinos locos que retienen las ramas que ha arrastrado el invierno, el sendero de espuma de sus pequeños saltos…

 

Pasear por el borde del río, con el suelo mullido y el sonido del agua es una maravillosa experiencia de paz y comunión con la naturaleza.

Un par de kilómetros más arriba quise cruzarlo para ver de cerca a un gigante: un pino enorme, impresionante, que extiende sus raíces como brazos de Hércules sobre la ladera que baja hasta el río y su copa destaca contra el cielo como el hermano mayor de una familia inmensa. 

Busqué un paso sobre las piedras del río, algo sencillo y sin demasiado riesgo, voy sola por allí donde no hay ni cobertura de móvil, y tras muchos cálculos encontré un lugar por donde cruzar. Blue, que quizá sea más consciente que yo, daba vueltas y vueltas como revisando cada piedra, evaluando las posibilidades. Me preparé para dar un buen salto hasta una piedra grande en medio de la corriente, desde allí al otro lado del río había otro par de saltos, pero mucho más fáciles.

Salté, no sin un poco de temblor de piernas, y me quedé allí esperando el salto de Blue. El perro saltó pero resbaló, cayó al agua en medio de una corriente tan intensa que se lo llevó río abajo casi un metro. Consiguió nadar hasta la orilla y allí, empapado y tembando de frío, se puso a ladrarme.

Armándome de valor, volví a saltar hasta la orilla de donde había partido.

Desde lejos envié mi abrazo al viejo pino del otro lado del río, y caminamos de vuelta  mientras Blue corría alegre y mojado.

Ya de vuelta junto al embalse nos sentamos al sol, a comer el bocadillo y a mirar cómo las nubes se desplazaban sobre un cielo azul transparente.

Y entonces, de pronto, pudimos gozar de la magia del vuelo del águila sobre el valle. !Somos afortunados!

 

La tarde transcurrió entre el canto de los pájaros y los poemas de

Wislawa Szymborska

 

La sensibilidad de esta poeta polaca, Premio Nobel de literatura, te desarma.

Si quieres leer sus poemas, Aquí

 


Algunos poemas:

El silencio de las plantas

La relación unilateral entre vosotras y yo
no va mal de todo.

Sé lo que es hoja, pétalo, espiga, piña, tallo
y lo que os pasa a vosotras en abril y en diciembre.

Aunque mi curiosidad no es correspondida,
me inclino especialmente sobre algunas
y hacia otras levanto la cabeza.

Tengo nombres para vosotras:
arce, cardo, narciso, brezo,
enebro, muérdago, nomeolvides,
y vosotras no tenéis ninguno para mí.

Hacemos el viaje juntas.
Y durante los viajes se conversa ¿o no?
se intercambian opiniones al menos sobre el tiempo
o sobre las estaciones que pasan volando.

Temas no faltan, porque nos unen muchas cosas.
La misma estrella nos tiene a su alcance.
Proyectamos sombras según las mismas leyes.
Intentamos saber cosas cada una a su manera
y en lo que no sabemos también hay semejanza.

Lo aclararé como pueda, preguntadme y ya está:
qué es eso de ver con los ojos,
para qué me late el corazón
o por qué mi cuerpo no echa raíces.

Pero cómo contestar a preguntas nunca hechas,
si además se es alguien
para vosotras tan nadie.

Musgo, bosque, prados y juncales,
todo lo que os digo es un monólogo
y no sois vosotras quienes lo escucháis.

Hablar con vosotras es necesario e imposible.
Urgente en una vida apresurada
y está aplazado hasta nunca.

Ya está todo en sazón. Me siento hecha,
me conozco mujer y clavo al suelo
profunda la raíz, y tiendo en vuelo
la rama, cierta en ti, de su cosecha.

¡Cómo crece la rama y qué derecha!
Todo es hoy en mi tronco un solo anhelo
de vivir y vivir: tender al cielo,
erguida en vertical, como la flecha

que se lanza a la nube. Tan erguida
que tu voz se ha aprendido la destreza
de abrirla sonriente y florecida.

Me remueve tu voz. Por ella siento
que la rama combada se endereza
y el fruto de mi voz se crece al viento.

Fin y principio

Después de cada guerra

alguien tiene que limpiar.

No se van a ordenar solas las cosas,

digo yo.

 

Alguien debe echar los escombros

a la cuneta

para que puedan pasar

los carros llenos de cadáveres.

 

Alguien debe meterse

entre el barro, las cenizas,

los muelles de los sofás,

las astillas de cristal

y los trapos sangrientos.

 

Alguien tiene que arrastrar una viga

para apuntalar un muro,

alguien poner un vidrio en la ventana

y la puerta en sus goznes.

 

Eso de fotogénico tiene poco

y requiere años.

Todas las cámaras se han ido ya

a otra guerra.

 

A reconstruir puentes

y estaciones de nuevo.

Las mangas quedarán hechas jirones

de tanto arremangarse.

 

Alguien con la escoba en las manos

recordará todavía cómo fue.

Alguien escuchará

asintiendo con la cabeza en su sitio.

Pero a su alrededor

empezará a haber algunos

a quienes les aburra.

 

Todavía habrá quien a veces

encuentre entre hierbajos

argumentos mordidos por la herrumbre,

y los lleve al montón de la basura.

 

Aquellos que sabían

de qué iba aquí la cosa

tendrán que dejar su lugar

a los que saben poco.

Y menos que poco.

E incluso prácticamente nada.

 

En la hierba que cubra

causas y consecuencias

seguro que habrá alguien tumbado,

con una espiga entre los dientes,

mirando las nubes.

                                                                      De “Fin y principio” 1993  

 

 

Amor feliz

Amor feliz. ¿Es normal,
es serio, es positivo?
¿De qué le sirven al mundo dos seres
que no ven el mundo?

Enaltecidos mutuamente sin merecerlo,
dos cualesquiera entre un millón, mas convencidos
de que les sucedería. ¿En recompensa de qué? De nada.
La luz cae de ninguna parte.
¿Por qué da en ellos y no en otros?
¿Ofende a la justicia? Sí.
¿Infringe las normas establecidas con esmero,
despeña la moraleja desde la cumbre? Infringe y despeña.

Mirad a los felices:
¡Si al menos se escondieran un poco,
si fingieran agobio para reconfortar a los amigos!
Escuchad cómo ríen: es una afrenta.
En qué lengua hablan, al parecer comprensible.
Y esos ceremoniales, esos miramientos,
esas primorosas y mutuas atenciones,
¡diríase un complot a espaldas de la humanidad!

¿Qué ocurriría
si su ejemplo se imitara?
A qué recurrirían la religión y la poesía,
qué sería recordado y qué olvidado,
quién eligiría permanecer encerrado en el círculo.

Amor feliz. ¿Es necesario?
El tacto y el juicio obligan a silenciarlo
como si fuera un escándalo de las altas esferas de la Vida.

Los bebés espléndidos nacen
pero nunca lograrán poblar la tierra
ya que pocas veces sucede.

Que quienes no conocen el amor feliz
sigan afirmando que no existe un amor feliz en ningún sitio del mundo.

Con esa creencia les será más fácil vivir y también morir.

 

!Si, quiero la Guía!

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