CANADÁ – BRITISH COLUMBIA, LA PRIMERA PAELLA AMERICANA

CANADÁ – BRITISH COLUMBIA, LA PRIMERA PAELLA AMERICANA

Dia 3 de Mount Robson a Fraser (446 Km)

El día del susto: Código PO442

Amanezco bajo la inmensa mole del Mount Robson, cubierto de nubes bajas, tan bajas que parecen abrazarte con sus minúsculas gotas de agua. Mansamente, llueve.

Este parece un precioso lugar, anotado queda para la vuelta, pero para eso quedan dos meses.

La relación entre "fragoneta" y sus ocupantes se va estrechando, ya nos comenzamos a conocer, todo está colocado de forma que sea cómodo, que ninguna cosa se caiga en las curvas, que no se desplace la caja de la ropa que tengo bajo la cama... el comenzar a vivir un lugar hasta hacerlo hogar.

Y cantando, a voz en grito, voy haciendo kilómetros por estos paisajes verdes, verdes, salpicados de rosa, con la línea negra del asfalto como único testigo de civilización. Había anunciado un pueblo... ¿donde? No he conseguido encontrarlo, debían ser ese par de casas de madera que vi unos kilómetros atrás, y es que por aquí los pueblos son tan mínimos.

De pronto, en el salpicadero se enciende una luz que no conozco. Me asusto. Inmediatamente presto atención a niveles de aceite, temperatura, frenos, agua, gasolina... no es ninguno de ellos. Todo parece estar bien, la furgo circula cómodamente a los estrictos 90 Km/hora, pero la luz no se apaga y no tengo ni idea de lo que significa. Paro en el primer parking de la carretera y llamo a mi hijo Daniel y le explico lo que pasa. Es un problema de motor, mamá, me dice. Tienes que buscar un taller inmediatamente, puede ser grave. El próximo pueblo, Mc Bride, está a 80 kilómetros. Vete despacio, mamá, y me vas contando, dice mi hijo intentando quitarle hierro al asunto.

Mi mundo se derrumba, veo el final de la aventura, tengo ganas de llorar, muerta de asco en un parking solitario al tercer día de salir. Preparo un café, fumo un cigarrillo, me mojo mirando al cielo gris sobre mi cabeza y le pido a las diosas un poco, solo un poquito de compasión.

Con el alma encogida llego hasta Mc Bride, apenas una gasolinera, un par de tiendas, una pequeña iglesia azul y el taller que me localizó mi hijo. Les cuento lo que le pasa al coche y la chica de la oficina, apática y triste, me dice que lo siente, pero que el control de chequeo de motor lo tienen en la montaña, que han tenido una avería y no saben cuando volverá, quizá mañana, me dice envuelta en tristeza. Vete a Prince George, me aconseja.

Otros 200 kilómetros de angustia. Llueve, ahora torrencialmente, la carretera es una laguna, el mundo alrededor no existe, la cortina de agua lo borra todo, los camiones provocan a su paso un diluvio horizontal.

Estoy tan agotada de conducir bajo esta lluvia que veo el anuncio de un Bosque de Cedros, el Ancient Forest/Chun T’oh Whudujut , nos bajamos a caminar un poco, esta vez con una lluvia amable, suave. El camino entre este centenario bosque de cedros es un pasillo de madera elevado, una delicia de lugar que me reconcilia con esta mañana de angustia. Las hojas de los arbustos, inmensas, recojen la lluvia, como enormes bandejas que ofrecen su agua a los cientos de pájaros que pueblan este bosque de cuento fragante y limpio.

Blue, que a pesar de no saber qué me angustia sí sabe que estoy angustiada, no se separa de mi lado. Olfatea, olisquea, persigue un tramo a las ardillas y vuelve junto a mi dando saltitos de perro feliz.

Tras el paseo por el bosque me encuentro mejor, afronto lo que me queda hasta Prince George de una forma más positiva. Desde unos kilómetros antes ya sabes que es una gran ciudad, carretera de dos carriles, muchos coches  y almacenes, naves, construcciones alrededor. !Es enorme!

Decido entrar por la zona de los polígonos industriales y en el primer taller que veo me bajo y les pregunto. Una señora muy mayor, pero como de casi 80 años, me dice que ellos no hacen eso y, en el summun de la amabilidad, me hace un mapa señalando los tres talleres de los alrededores que podrían mirarme el coche. Le agradezco enormemente su gesto.

En el primero de los talleres me dicen que no, pero en el segundo un tipo amable me dice que si puedo esperar un rato, me conecta el “tester” y vemos qué le pasa al coche. Me preparo algo de comer, estoy realmente cansada, ha dejado de llover y el día, aunque gris, tiene una luz preciosa.

!Código PO442! Ese ha sido el diagnóstico favorable de mi coche que me lleva de cabeza toda la mañana. Y parece que todo el problema es que no ajusta bien el cierre del tanque de gasolina. Con no llenar a tope el tanque de gasolina, problema resuelto, me dice el mecánico.

!Y no me cobra nada! La gente por aquí es amable y cordial. Pese al susto, ha sido una hermosa mañana.

El pobre Blue con carita de pena en la puerta del taller.

Van a ser un hermoso paseíto estos 158km hasta Fraser Lake, the White Swan Capital of the world, dicen ellos. Lo que me ha seducido de este lugar es un precioso parking de caravanas municipal, con todos los servicios, y GRATIS, junto a un precioso lago.

La tarde está oscura y brumosa, la carretera con poco tráfico, parcelas de cereal al borde, enormes extensiones de maiz, miles de vacas pastando en los prados, el olor de la hierba recién cortada, granjas y parcelas perfectamente delimitadas,  la Britsh Columbia rural y agrícola. Hermosa.

El lugar ideal para pasar esta noche, descansar un poco y seguir pensando cómo voy a construirme una estantería para los libros.

Ya he decidido donde la voy a colocar. En las Rocosas, a la orilla del río Saskatchewan, encontré unas maderas al borde del agua, curvadas, viejas, preciosas. Justo la base sobre la que apoyarán los libros. Este el reto: usar solo materiales de desecho, reutilizando todo lo que encuentre, sin comprar absolutamente nada.

Día 5 de Fraser Lake a Telkwa – 198 Km.

La primera paella americana

Primera paella en América.

Estamos en Telkwa en la finca de Paul y Marlene, con sus hijos, una amiga poeta, sus dos perros… Y cerdos, vacas, ovejas, pollos, alpacas, pavos y algún otro animal que no recuerdo.

Hace unos meses me di de alta en una página de esas de compartir casa y quehaceres, subí un vídeo contando mi proyecto y Paul me escribió, ofreciendome la posibilidad de pasar unos días con ellos en su Granja, la Happy pig organic farm. Pongo la dirección en el gps y doy vueltas, siguiendo las indicaciones hasta llegar al río, entro en tres granjas, pregunto, no hay forma… el gps me indica cada vez un lugar. Finalmente un señor encantador me dice donde es, y cuando casi estoy llegando un coche viene a rescatarme: es Paul, que ha visto pasar mi furgo y es consciente de los despistes de los Gps en este sitio.

Paella de pollo orgánico, con verduras orgánicas y un delicioso Malbec argentino también orgánico.

He recorrido la granja con Paul, que me ha ido contando como mueven a los animales en ese enorme terrero, cómo los alimentan, los inviernos y la nieve, el amor que ponen en lo que hacen esta hermosa familia me conmueve. Desde el salón de su preciosa casa, se ve toda la granja. Mientras llega la hora de la paella, nos tomamos una cerveza y charlamos de lo maravilloso que es poder conectarse así, desde el otro lado del océano, y estar aquí ahora, hablando y sonriendo.

 

Paul ha preparado una fogata y hemos comenzado a preparar la paella, al fuego, como debe ser.

Ha sido una tarde genial.

Blue tiene un problema con los cerdos negros y después de mucho pelear con ellos, ha tocado la valla eléctrica, se ha llevado un buen susto y ya no se ha vuelto a acercar… Con las gallinas tiene fijación, las canadienses no iban a ser menos, también le gusta correr detrás de ellas. Aquí está ahora junto a mi, agotado la criaturita.

La tarde transcurre entre charlas, poesía, historias de la granja y un sol maravilloso que nos ilumina hasta casi las once de la noche.

!Qué agradecida estoy a la vida!

Ya por la mañana, desayuno con la familia y emprendemos de nuevo camino.

Gracias Paul y Marlene. Vuestro cariño viajará siempre conmigo.

CANADA: ALBERTA, DE CALGARY A MOUNT ROBSON

CANADA: ALBERTA, DE CALGARY A MOUNT ROBSON

!Estamos en la carretera, comenzamos esta aventura!

Dia 1 de CALGARY a LAKE LOUISE (185 kilómetros)

Serán casi diez mil kilómetros, Blue y yo abordo de esta furgoneta recién terminada, cómoda y hermosa, “muy de chica” por sus acabados en telas de flores y plantas en las paredes. Así que realmente somos tres seres vivos aquí, una humana, un perro y unas plantas.

He salido de Calgary casi a las 9 de la noche, mucho más tarde de lo previsto, y a pesar de que no me gusta nada viajar de noche, entre las compras de última hora, el bautismo de la “fragoneta”, llenar el depósito de gasolina, las últimas instrucciones de mi hijo Daniel sobre el sistema eléctrico y todas esa pequeñas cosas, se me ha hecho tarde, realmente tarde, pero estaba  decidida a comenzar este viaje el día 1 de Julio.

Cuando he arrancado y puesto rumbo a Lake Louise, la primera joya de las Rocosas,  justo en el primer semáforo, ha comenzado a sonar “Tajebone”, esa maravillosa canción de Ismael Lö y unas lágrimas dulces y liberadoras me han arrasado… por dejar a mi hijo, al que he visto sólo una semana, por la aventura en sí, por la tensión de los últimos días preparando la furgoneta a la carrera, porque estoy loca ¡, absoluta e irresponsablemente loca por iniciar este viaje de noche, lloviendo y con un coche que apenas controlo, pero quería amanecer en las Rocosas.

Llueve a mares por la autopista, no estoy aún familiarizada con los controles de los limpiaparabrisas, apenas hay coches en la carretera y aunque son casi las once de la noche y debería haber un sol pálido aún en el cielo, es noche cerrada.

Mi plan era dormir en Mosquito Creek, el primer lugar en el que dormí hace dos años en las Rocosas. Cuando paso el desvío hacia la Icefield Parkway, que es ya una carretera de dos direcciones, estrecha y oscura, estoy a punto de dar la vuelta;  la noche está difícil y parece que hay barro por todos los desvíos, aún así sigo camino unos kilómetros más, hasta que finalmente, en un tramo sin curvas, decido dar la vuelta y volver.  

Me reconozco el miedo, lo asumo y pongo “ruedas en polvorosa” hacia  Lake Louise, a pasar esta primera noche de diluvio a un lugar algo más civilizado.

Hay un centro comercial justo a la entrada, bastantes coches aparcados y todos los negocios ya cerrados, así que me instalo  y me preparo para pasar mi primera noche en soledad.  Como los nervios y la angustia de estos primeros kilómetros me han dejado agotada, me tomo un enorme tazón de leche caliente con cereales y a dormir en esta comodísima cama.

Blue se coloca a mis pies y cae rendido, supongo que él también acusa los nervios del día.

Dia 2 de LAKE LOUISE a MOUNT ROBSON (258 Km)

¡Estamos en las Rocky!

Amanece un tímido día de sol, pequeñas gotas de rocío cubren las ramas de los árboles cercanos, la hierba de un verde rabioso brilla bajo la luz de la mañana, huele a bosque, un par de ardillas suben y bajan por los troncos de los pinos y una bruma suave cubre la cima de las montañas . Desayunar frente a este paisaje es un regalo.  La entrada a las Rocosas, uno de los lugares más hermosos del mundo,  me da los buenos días.

Blue es un perrito feliz, sale disparado de la furgo, las ardillas parecen jugar a provocarlo, bajan, corretean delante de él y cuando se acerca, trepan con esa envidiable agilidad a las ramas más altas.  Por la forma en que olfatea el aire y me mira, entiendo que está disfrutando de nuestro primer día de aventura.

Ya son las diez de la mañana, la bruma se ha disipado y arriba, sobre el valle, los imponentes picos de las montañas se recortan contra el cielo. Ya había recorrido estos parajes, aún así, tanta belleza me sobrecoge.

Iniciamos camino hacia el Bow Lake, esa preciosidad de lago, que forma el río Bow, al que ya conozco bien y que he navegado en Calgary. Hay cientos de turistas, mayoritariamente asiáticos y pakistaníes. Los aparcamientos que bordean el lago están llenos de coches, los bordes del lago festoneados en rosa intenso por las flores  de las  fireweed, las montañas se miran, orgullosas, en las aguas transparentes del lago, y el mundo parece un lugar mejor… aunque demasiado habitado.

Estos trescientos kilómetros, donde parece haberse concentrado toda la belleza que cabe en el mundo, son también los más visitados, los más turísticos, pero si te alejas apenas trescientos metros del coche, si caminas más de diez minutos, dejas atrás la aglomeración de turistas. Leí un artículo sobre el comportamiento de los turistas en las Rocosas donde se indicaba que el 90% no se alejan de su coche más allá de 100 metros. Llegan al lugar, se bajan, se hacen unas fotos y siguen camino.

Yo, hoy, he actuado como ese 90% de turistas. Son paisajes que ya conozco y me abruma tanta gente. Increíble en alguien que viene de una ciudad como Madrid, que vive en Lavapiés, y sin embargo vengo buscando precisamente eso: soledad y paisajes limpios.

Parada larga frente al Athabasca Glacier, ese glaciar que ya he recorrido y que me produce una sensación ambigua: por un lado es de una belleza inmensa y  observar  el retroceso del glaciar en los últimos años (marcando en los bordes el lugar que ocupó el hielo) es preocupante, pero por otro lado, es un glaciar “prostituído”: hay vehículos oruga, los Ice Explorer que llevan a los turistas hasta la mitad del glaciar, lo que supone una enorme presión sobre el entorno natural, con lo que conlleva de deterioro del lugar. El poder pisar un glaciar es algo con lo que todos soñamos, hacerlo a media hora caminando desde el aparcamiento, un lujo. Si ya te pagas los 103$ del Ice Explorer, solo tienes que caminar directamente sobre el hielo.

Me estaba preparando una ensalada cuando Blue comenzó a jugar con una chica que estaba en la furgoneta de al lado. Unos brasileños que estaban recorriendo las Rocosas, gentes encantadoras, preparaban en una barbacoa portátil un pollo marinado. Me invitaron a comer con ellos, charlamos, tomamos café, comentamos el maravilloso paisaje que nos rodeaba, hablamos de Brasil y sus selvas deforestadas por la codicia, de la enorme presión turística de este glaciar, de lo hermoso que es viajar así, en una furgoneta, parar donde te plazca, dormir junto a arroyos transparentes, bosques encantados…

Sigo camino hacia Saskatchewan River Crossing, conocido como “El cruce”, en la confluencia de los ríos Saskatchewan, Howse y Mistaya, único lugar de cruce de estos inmensos ríos, que usaban los viajeros y comerciantes de pieles, ayudados por los conocimientos de los indígenas de la región. En un hermoso mirador sobre el río, con carteles explicativos sobre el pasado de esta zona, puedes fácilmente imaginar esas caravanas de carretas de los aventureros que cruzaban la región. Imaginarles cruzando en verano, pese al cauce del río, es ya toda una gesta. A lo largo del invierno, con un mar de hielo alrededor, aunque quizá fuese una empresa más fácil, sin las ropas, los abrigos, el equipamiento de montaña actual, me parece de una heroicidad inmensa.

Es casi imposible conducir por esta carretera sin encontrar un atasco. Atasco es, siempre, igual a oso. Los coches se paran en el arcén, los autobuses directamente se detienen en medio de la carretera, casi se escuchan los cientos de clicks de las cámaras de fotos sobre un oso, casi siempre negro, que tranquilamente recorre “su” bosque. Los guardabosques del Parque Nacional de Banff no tardan en aparecer, disuaden a la gente de bajarse del coche y acercarse al oso, no deja de ser un animal salvaje que puede atacar en cualquier momento, y desde luego tanta gente perturba de verdad a ese ser libre. Poco a poco va disolviéndose el atasco. Hasta el siguiente oso.

 

Parada en Jasper para comprar un convertidor de enchufe, había olvidado que tengo que cargar también la cámara de fotos y no tengo conversor. Esta pequeña ciudad es una preciosidad de lugar, casas de madera rodeadas de flores, una estación de tren inmensa, restaurantes, tiendas y supermercados, y mucho turista. Es el “final” de las impresionantes Rocosas, y lugar de parada obligada.

No quiero pasar la noche en una ciudad, así que como quedan aún unas horas de sol, tras pasear un rato por los civilizados lagos de Anette y Edith, donde me obligan a llevar a Blue con correa y está prohibido que los perros recorran la arena del borde del lago, seguimos camino.

Al caer la tarde, tras unos hermosísimos kilómetros de bosques inmensos, llegamos a las inmediaciones de Mount Robson. Ha comenzado a caer una lluvia suave, las nubes se han apoderado del cielo y hace fresco. Me detengo un rato a la entrada del Parque Nacional, mientras consulto el mapa. Blue corretea por el enorme aparcamiento casi vacío. Se me acerca un chico y me pregunta si tengo algo que ver con la poesía, que lleva siguiéndome un buen rato a ver si me paro, porque le ha llamado la atención la pegatina que recubre mi furgoneta “travellingpoems”. Es, también, brasileño, poeta y cazador de auroras boreales, trabaja en un lujosísimo camping privado a un par de minutos de aquí. Me ofrece pasar la noche en el camping, gratis, por supuesto.

Me preparo una sopa de arroz y pollo para cenar, una copa de vino y veo como la noche va apoderándose de este precioso lugar mientras Blue olfatea y corre alrededor. Al rato aparece el chico, Cristiano, y hablamos durante horas de poesía, de auroras boreales, de la magia de estas montañas. Aquí, me dice, ya no llegan tantos turistas, hay muchos montañeros y unas rutas de senderismo espectaculares.  Tomo buena nota de sus amables indicaciones, a la vuelta, camino a Calgary, pasaré un par de días por aquí.

Me voy familiarizando con la furgo, voy colocando las cosas de un modo más ordenado, me siento cómoda en esta, mi casita rodante durante dos meses.

Ya salí de Alberta y ahora estoy en Beautiful British Columbia.

¡Qué hermoso es todo, por las diosas!

¡COMIENZA LA AVENTURA, ESTAMOS EN CANADÁ!

¡COMIENZA LA AVENTURA, ESTAMOS EN CANADÁ!

!Ya estamos en Canadá y comienza la aventura!

Después de las primeras ocho horas de vuelo, Madrid-Montreal, en las que mi querido Blue ha dormido como un perrito feliz y gracias al maravilloso trato de las azafatas de Transaat, que nos han dejado tres asientos para nosotros solitos, un lujo.

Finalmente hemos puesto el pie en Montreal, o mejor dicho en el aeropuerto de Montreal.

!Y a calle! a fumar un cigarrillo (yo) y hacer unos primeros pises en Canadá (Blue).

Paseíto por la zona internacional del aeropuerto, un sin parar de taxis, autobuses, Uber, gentes que van y vienen en esta cálida tarde de San Juan, una delicia de temperatura cuando vienes de la tórrida Madrid.

Tras un par de horas de espera, vuelo a Calgary, esta vez más corto.

En ningún momento, nadie, en ninguna aduana, ni puerta de embarque, me ha pedido los documentos de Blue, así que tras pasar la aduana de entrada ya en Montreal, hemos salido del vuelo en Calgary listos para abrazar (yo) y lamer (Blue) a mi querido hijo, Daniel, que nos esperaba emocionado.

CÓMO VIAJAR CON PERRO EN AVIÓN…  sin desesperarse.

Los últimos días de preparativos para esta aventura han sido largos, complicados, agobiantes… Mucho más porque, apenas una semana antes de embarcar, me comunica la compañía aérea que no puedo viajar con Blue, y eso que compré el billete con una compañía que admite perros en cabina, o al menos eso es lo que declara en su página ¿¿¿¿????

Que una línea aérea no admita perros en cabina puede parecerte bien o mal, es su decisión, pero si en su página y su condicionado indican que sí, luego no pueden negarse. !Pero lo hacen!

Mi perro, Blue,  pesa menos de 8 Kg, tiene su bolsa de viaje reglamentaria, su pasaporte, su cartilla de vacunación actualizada, incluso su Certificado de Salud visado, específico para Canadá y USA, por el Ministerio de Agricultura,  les he solicitado el billete de Blue  con tiempo y su condicionado así lo especifica, aún así, pueden negarte el vuelo.

!Desesperación absoluta! Sin Blue no sería capaz de emprender esta aventura.

Tras muchas llamadas, la reserva para Blue  sólo puede hacerse por teléfono a un número de Canadá,  varios intentos fallidos y una factura de telefonía para echarse a llorar, decido pedirle a mi hijo, que vive en Calgary, que se ocupe él de hablar con la aerolínea.

Después de argumentar y discutir y contra argumentar, nos ofrecen una única solución: Emotional Support Dog.

Es decir, un animal de soporte emocional para mi, por mi incapacidad de viajar sin él. Así que busco un psiquiatra, me evalúa la incapacidad de emprender esta aventura sin Blue y me extiende un certificado en español e inglés  (previo pago de unos honorarios elevados).

Un “ábrete sésamo” que me otorga, en apenas cinco minutos, un billete para Blue. !Al fin!

 

!A convertir la furgo en casa rodante!

Tenemos una semana, solamente una semana, para convertir la furgo en mi casita rodante para estos dos meses. Hay que instalar el suelo, los paneles solares que alimentarán la batería para la nevera, el ventilador y  los enchufes para el portátil, montar la cama, los muebles de cocina, la pila para lavar… hay mil cosas que hacer.

Aprovecho las mañanas para, con la ayuda inestimable del gps del móvil, con la aplicación  “maps.me” que funciona sin conexión a internet y no necesita datos, para recorrer Calgary de almacén en almacén buscando todo lo que necesitamos. Las tardes, cuando llega Daniel, a trabajar como locos para ir instalando todo.

La colocación de suelo nos lleva dos días: primero el aislamiento térmico y acústico, luego una goma protectora, luego planchas de madera y finalmente un precioso suelo de friso de madera que ya nos da aspecto de casa. !Ha quedado precioso!

Los días son taaaan largos que hasta las 11 de la noche es de día, por lo que acabamos jornadas maratonianas absolutamente cansados. La “fragoneta” va tomando forma.

Instalamos, con la ayuda de Rauth, compañero y amigo de mi hijo Daniel, los paneles solares, el conversor, la batería auxiliar… y el equipo de música de la furgo, algo esencial para acompañarme en estos dos meses de soledad.

Mientras los chicos, Daniel y Rauth, instalan la cama y los muebles de la cocina, yo me dedico a preparar cortinas y a cubrir los encuentros de las maderas de techo y paredes con una tela de colorines y flores, es lo único que he encontrado en los tejidos de Ikea en Calgary. Queda un espacio muy cuco, muy femenino. Me voy a sentir muy cómoda aquí.

Nos falta la nevera, terminar el arcón junto a la cama y colocar las pegatinas en el exterior de la furgo.

Una carrera cuasi contra reloj, es 30 de Junio y aún no hemos terminado. !Un sinvivir!

Amanece un precioso domingo, 30 de Junio, un luminoso día de verano con 27 grados !tan lejos de los 38 que mi gente de Madrid está sufriendo!

La furgo es ya, casi, una casita. Hay que poner las pegatinas, hacer la compra, colocar un poco todo y estaremos listos para iniciar esta aventura.

!Colocar las pegatinas de travellingpoems y bautizar la furgo, es lo único que nos queda!

… y llenar el depósito de gasolina, sacar algo de dinero, anotar todos los trucos y posibles problemas del panel eléctrico del sistema de alimentación y cumplir el capricho de Daniel: la furgo tiene 99.985 kilómetros, y Daniel quiere hacer los 100.000, así que aprovechamos para todos esos pequeños detalles que nos faltan.

Son casi las 9 de la noche cuando volvemos a casa, ya en los cien mil, me despido de Daniel y en un simbólico acto de entrega de llaves  !comienza la aventura!

!A recorrer Canadá!

VALLE DEL JERTE EN FLOR, e INMA CHACÓN

VALLE DEL JERTE EN FLOR, e INMA CHACÓN

El Valle del Jerte en flor es uno de los más bellos paisajes que descubrir cuando la primavera comienza a despertar.

Dos millones de cerezos en flor de un blanco inmaculado, plantados en terrazas en este estrecho valle, te regalan un profundo silencio aromatizado de flores.

Tumbada bajo este dosel de blanco contra el infinito azul sientes que eres parte este planeta. 

Es uno de esos lugares del que te llevarás un corazón henchido de blanco y una felicidad tranquila, donde dejarás sólo tu sonrisa y la huella de tus pies.

 

 

El sakura español

Las flores del cerezo, sakura 桜 en japonés, tienen un significado importante. Esto guarda relación con parte del código samurai en Japón. Es más, el emblema de los guerreros samurai era la flor del cerezo. La aspiración de un samurai era morir en su momento de máximo esplendor, en la batalla, y no envejecer y “marchitarse”, como tampoco se marchita la flor del cerezo, que cae del árbol empujada por el viento.

La importancia de los sakura se remonta a siglos atrás, cuando la floración de estos árboles marcaba el inicio de la primavera y, por lo tanto, avisaba del momento idóneo para plantar el arroz, alimento crucial para los primeros habitantes de este país.

Durante este período, los cerezos eran vistos como seres sagrados y se creía que las almas de los dioses de la montaña anidaban dentro de ellos.

Por ello, los agricultores veneraban a estos árboles y creían que, cuando las flores del sakura estaban en su máxima floración, era cuando los dioses bajaban a las villas y se convertían en arrozales para ayudar a la producción del arroz.

Como buenos amantes de la belleza, celebramos nuestro particular hanami 花見, que se traduce literalmente como “mirar a las flores”.

¿Sabes donde asistir a esta maravilla en Japón? Mira Aquí

Y si no estás en Japón, o te queda lejos, aquí tienes los mejores lugares del mundo para ver los cerezos en flor, seguro que alguno te queda cerca.

Nuestro hanami: paella mixta

Bajo el dosel en flor de los cerezos, sentarse con los amigos a tomar un vino, un poco de queso y unas aceitunas, ha sido nuestro maravilloso hanami de este año.

Y al caer la tarde, a la vera del río Jerte, mientras los cerezos en flor nos contemplaban desde el otro lado del río, nuestro hanami 花見 ha continuado con una paella sobre fuego junto a las aguas transparentes y mágicas de este río.

 

Hasta que domine buenas herramientas de vídeo, aquí te dejo uno muy “casero” del Valle del Jerte en flor.

Vista del valle a través del blanco de las flores, ¿no es para enamorarse?

Extremadura es la cuna de Inma Chacón

Este valle el mejor lugar para leer sus poemas a quienes amamos esa maravilla de los cerezos en flor, como ella misma escribe:

“…un ritual que se inicia tenazmente cada marzo.”

 

Mitos

Si buscáramos espejos
donde apagar la sed y la sequía

¿qué sería del agua?

¿Y del valor,
si bastara el reflejo del escudo
para vencer el miedo?

Qué sería del llanto
si pudiéramos sangrar
en las venas de los otros.

Y de los sueños
si no fuéramos
los que cerráramos los párpados.

Qué sería del abrazo sin piel
y de la lluvia sin salpicaduras.
Del brillo sin cristal
de la transparencia, sin el otro lado.

¿Qué sería de Sísifo sin piedra a sus espaldas?

Del negro, de la sombra.
De la verdad,
del día,
del roce de la seda.

¿Qué sería del mito
sin nosotros?


 Si quieres saber más de ella Aquí tienes su página personal

 

 


NI SIQUIERA EL DOLOR

(nueve de copas)

Ni siquiera el olor de tu ropa

ha conseguido quedarse

en el armario.

Nada de ti

conservan ya estas paredes

donde colgaste mis fotografías,

este vacío

que ordenarán otras manos

a su antojo.

Ni tú ni yo

pertenecemos ya

a este lugar

que parecía tan nuestro.

Las pesadillas y los sueños

salieron de la casa

con nosotros.

Sólo el jardín

recuerda vagamente

lo que fuimos,

nuestro jardín

y sus árboles perennes.

… Un ritual que se inicia tenazmente cada marzo

!Si, quiero la Guía!

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